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El volante del Anderlecht de Bélgica quiere pasar a una liga más competitiva para luchar por un lugar en el equipo de Sabella: "Me gustaría jugar en Italia", comentó

Las proyecciones de un jugador de fútbol no siempre se condicen con sus sueños. Muchos no logran concretar sus objetivos, otros rápidamente llegan hasta la cima y otros deben luchar y adaptarse a lo que demanda la exigencia. En cada caso los motoriza un deseo, triunfar en los desafíos que se proponen y llegar hasta la cumbre. Y aún cuando la ruta de su carrera no sea de las más convencionales, muchos de esos actores de la pelota no abandonan su empresa. Allí está Lucas Biglia, de 27 años, que entienden que luchó como nadie para estar en el lugar que hoy tiene. Porque fue Bélgica su destino, después de comenzar en el universo de la pelota en Argentinos y  pasar por Independiente. Y fue Anderlech el equipo que en siete años le permitió ganar ocho títulos y que ahora le posibilitaría seguir su camino en Lazio, de Italia.

Son muchas las cosas que logró en un club que lo tiene como capitán y estrella (marcó el gol del empate ante Zulte-Waregem que le dio el título en la liga belga en 2013), por eso el club de Bruselas no quiere dejarlo emigrar. Pero Biglia ya siente que debe dar un salto, por su evolución personal y porque adelante le aparece una misión muy importante: la Selección Argentina y el Mundial 2014. Aunque, primero, tiene una gran prueba en la doble fecha de eliminatorias, ya que Alejandro Sabella lo convocó para los partidos ante Colombia, en Buenos Aires, y Ecuador, en Quito.

-Un nuevo título con Anderlecht, siete años en Bélgica, un destino poco usual, ¿Cómo es toda esa experiencia?
-Tuve la suerte de ir a una gran institución, de gran infraestructura, que está bien económicamente. Y además llegué a un club en el que había argentinos: ya estaban Nico Frutos, Cristian Leiva, después llegué yo y más tarde Nico Pareja. Y eso hizo todo más fácil. También tenía un técnico al que le gustaban los jugadores argentinos (Ariel Jacobs) y eso me dio continuidad. Por eso digo que tuve suerte en la llegada.

-Sos un jugador que te fuiste de la Argentina con un estilo de juego muy definido. ¿Tuviste que modificar mucho tu juego en Europa?
-Yo llegué con 20 años y el técnico  lo primero que hizo fue preguntarme en qué posición me gustaba jugar y dónde sentía que podía ayudar más al equipo. En ese momento se jugaba 4-4-2, que ese dibujo me venía bien. Después que se fue ese entrenador, vino otro muy diferente, que me costó adaptarme a esa idea, y ahora tuvimos un técnico holandés (John van den Brom), que por su origen prioriza jugar bien al fútbol y no importa mucho la posición, le gusta que el futbolista se adapte a diferentes situaciones dentro del campo. Ese fue otro cambio táctico al que me adapté.

-Toda esta versatilidad que adquiriste en estos años, ¿te abre más caminos en el fútbol europeo?
-Te ayuda a entender diferentes maneras de jugar. A nosotros nos vino muy bien jugar la Champions League, en donde jugás contra diferentes equipos, diferentes pensamientos, distintos sistemas tácticos, y eso colabora. Está claro que hacer las cosas no es sencillo. Y sirve para que uno como jugador pueda ser útil para cualquier entrenador.

-Y a nivel personal, ¿cómo te adaptaste?
-Estar con otros argentinos es muy importante, además cada uno se fue con sus novias y eso también hace todo más sencillo. Pero el país da también como para no sufrir tanto el cambio. Socialmente es agradable, con gente muy educada, amable y agradable. Con todo eso es fácil adaptarse.

-¿Y qué te sorprendió de la vida en Bélgica?
-Todo, pero sin salir del fútbol, te puedo decir que en un vestuario compartís cosas con futbolistas de muchas nacionalidades, congoleses, senegaleses, húngaros, suecos, suizos… Hay que adaptarse a muchas culturas. Hay que saber cómo convivir, cuáles son los límites, qué le molesta o no al otro. Se comparten cosas entre muchos. Los senegaleses, los suecos o el nigeriano termina hablando algo de español y nosotros aprendemos palabras de ellos. Ahí vas aprendiendo mucho. Y fuera del vestuario la vida es tranquila. Te ven como alguien importante en el fútbol, pero te dejan disfrutar de estar en la calle, en todo momento miden en acercarse a pedirte un autógrafo o una foto pensando que eso molesta. Todo es con mucho respeto.

-A nivel juego, ¿con qué liga te encontraste?
-Al principio resultó siendo una cosa y después fue otra. Es una liga que, no te voy a decir que es el mismo nivel que la Premier, pero sí el sistema de juego es similar. Es lógico que son dos niveles diferentes. Es un juego muy fuerte, de mucha ida y vuelta, muy intenso. Al principio me costó, porque lo mío no es la velocidad constante, pero me fui acomodando.

-¿Por qué la liga de Bélgica no termina de meterse entre las mejores de Europa?
-Es un club que tiene buena infraestructura y que económicamente está muy bien, pero los dirigentes sienten que con eso es suficiente y que no quieren dar un pasito más para ser una liga más poderosa. Saben que ese pasito les va a costar dinero y tienen miedo de fracasar. Por eso prefieren seguir así. Anderlecht es un club que estuvo en Champions y en Europa League y dejó su marca. Por eso están cómodos y conformes.  Por eso yo quiero cambiar de liga, es que llega a un punto donde no seguís creciendo, si bien con este técnico holandés aprendí muchísimo, necesito más. Hay 4 o 5 equipos que están muy bien, pero no les interesa ir a más.

-Por eso tu deseo de cambiar se vincula a Italia de la que dicen que no es la más bella pero sí la más dura del mundo, ¿eso te llena de ansiedad?
-No puede decir nada del calcio porque no lo conozco, no he jugado ahí. Pero sí que admiro mucho esa liga, que miro mucho fútbol italiano y me gustaría jugar en Italia. Yo hace tiempo que hablo con los dirigentes de mi club para que entiendan el deseo de mi cambio, ellos no quieren mucho que me vaya, pero les hice entender que lo mío va más allá de muchas de las cosas que ellos me ofrecían y que tengo un objetivo y un sueño y que quiero cumplirlo. Les expliqué que se juega lo emocional y lo comprendieron. Por eso están negociando con dos o tres propuestas.

-Ese objetivo y sueño, ¿es conseguir un lugar dentro del grupo que juegue el Mundial 2014?
-Esa es la idea, sé que es muy duro, complicado, porque los partidos de eliminatorias le dan forma al grupo, un ambiente al plantel de qué es lo que se busca para llegar. No es fácil, porque entrar en un grupo de chicos muy bueno, que conozco de jugar en las juveniles, pero no hay mucho tiempo y por eso lo tomo como un sueño. Para dar ese primer paso tengo que salir de Bélgica, pensar en trabajar duro en el año que falta hasta el Mundial y esperar. Esa es la realidad.

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