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El mejor jugador del mundo muestra en su país el nivel que tiene en su club. La cinta de capitán no le queda grande, y ante Ecuador volvió a deleitar a todos. Tiemblan los rivales

Hace ya un tiempo que los rivales de la selección argentina se han anoticiado: Lionel Messi es  con su país el que juega en el Barcelona. El delantero rosarino lleva varios partidos jugando a gran nivel con el equipo albiceleste, y le agregó el valor adicional que tiene su fútbol: el gol.

El mundo ya puede temblar en paz. Leo Messi, que ha sido más veces cuestionado que elogiado en su país natal, se ha convertido en el líder indiscutido de la selección sudamericana. En la noche del sábado volvió a brillar, guiando a su equipo en la goleada sobre Ecuador (4-0) por las Eliminatorias Sudamericanas.  

El mejor jugador del planeta sabía que estaba en deuda. Pese a ser siempre –o casi- el de mayor rendimiento en la Argentina, el ‘Leo internacional’ no se parecía mucho al ‘Leo azulgrana’. No sólo ha cambiado el entorno –rodearse de Sergio Agüero y Gonzalo Higuaín le ha hecho muy bien-, sino que él mismo adoptó la condición de líder. Dentro y fuera de la cancha, Messi ha cambiado de un tiempo a esta parte.

No hay que exigirle, hay que agradecerle. Estamos mucho más tranquilos cuando él está contenido y puede sentirse bien acompañado por sus compañeros
Alejandro Sabella

Ya no es más la tímida estrella que llegaba de Europa para ser examinada. Ya no juega con la presión  de otros tiempos. Argentina y Messi ahora se disfrutan mutuamente, situación que dibujan en el 10 una sonrisa en cada partido. Marque o no marque, el rosarino deleita al público con toques, goles y gambetas. Ya no tiene que pasar una prueba en cada compromiso, sino que ahora se divierte. Sin ir más lejos, en la previa de cada encuentro recibe la calurosa ovación de la gente.

La madurez del más grande

Mucho ha tenido que ver la llegada del nuevo seleccionador. Alejandro Sabella le otorgó la cinta de capitán, y el Duende se hizo cargo de tamaña responsabilidad. Se lo ve más participativo con sus compañeros fuera del campo, y con la madurez de quien en algunos meses será padre por primera vez. Para muestra un botón: en la semana, encabezó la fila de futbolistas que se acercaron a saludar a chicos con discapacidades. Los niños, invitados por UNICEF a ver el entrenamiento de la selección argentina, sonrieron con el saludo de los internacionales, se tomaron algunas fotografías y recibieron autógrafos de sus ídolos. Leo fue el último en abandonar el campo de entrenamiento para ir a almorzar.

Su relación con la prensa, a la que eludía, ya no es la misma tampoco. Responde una y cada una de las preguntas dejando atrás los monosílabos. Una periodista le preguntó hace algunas horas sobre su posible paternidad, y Messi no esquivó el asunto. Entre risas, dijo no haber escuchado la pregunta pero aseguró estar muy contento. El sábado por la noche confirmó el rumor:  celebró su golazo colocándose el balón debajo de la camiseta.

Anoche, el Estadio Monumental volvió a corear su apellido. Antes y después del triunfo frente a los ecuatorianos. En Buenos Aires, el delantero culé recordó sus mejores tiempos en el Camp Nou durante la primera etapa. Lujos y asociaciones con Agüero e Higuaín deleitaron a más de 50 mil personas. Fue importante en el tanto del hombre del Manchester City, asistió al Pipita en el segundo, y anotó el mejor gol de la noche, el tercero de su equipo. En el segundo tiempo, pudo haber vuelto a marcar, pero el portero ecuatoriano se lo sacó dos veces: tras su característica apilada y en un lanzamiento de falta directa.

Messi se ganó el respeto de todos. Sí, increíblemente, su país era el único sitio en el que todavía no había adquirido ese derecho.  El mundo ya puede temblar tranquilo, Leo es en Argentina el mismo que juega en Barcelona.

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