Especial Argentina: La nueva selección de Sergio Batista. Hacia la gloria perdida

Una vez terminado el descenso a los infiernos conducido ramplonamente por Diego Maradona y el elenco K, Argentina se dispone a recuperar la memoria, a ordenar la casa y a ser, una vez más, un equipo temible, solidario y digno del escudo que lleva en su camiseta. Sergio Batista es el encargado ¿interino? de capitanear el barco.

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Siendo justos con la historia, el fútbol de toque no lo inventó España ni el Barça. Fueron brasileños y argentinos los que concibieron el juego como tal, la pelota como una novia y el rival como un mero espectador a superar gracias a la –otrora- manifiesta superioridad técnica de los sudamericanos. Eran otros tiempos y en Buenos Aires se respiraba progreso, alegría, honor y, sobretodo, futuro.

Sin embargo, los tiempos cambiaron, y mientras la sociedad argentina vagaba entre ignominias e impunidades, paradójicamente el éxito individual se elevó como único y vergonzoso camino posible. Sólo sirve el que gana se repetía en el mundillo futbolístico como último eco de un edificio social en ruinas. No vale la pena puntualizar cuándo, pero Argentina se volvió pragmática –y derrotada- mientras España caminaba hacia la excelencia –y ganaba-, tanto en el fútbol como en la vida –cuestiones de solidaridad-.

No por nada, Sergio Batista, el mejor técnico posible para la albiceleste –a excepción de Bianchi-, declaraba: tenemos que copiar a España. Podría haber dicho, siendo justos, lo siguiente: tenemos que hacer la nuestra. La que se heredó de Carrizo, Sacchi, Moreno, Rojitas, Bochini, y tantos otros... también, obviamente, de Maradona.

A pesar de la variación semántica, es legítima la idea de Batista, víctima de un entramado político-mediático que lo hace depender del éxito en un par de amistosos para convertir su interinato en firme titularidad en el cargo como seleccionador. El grupo lo conoce, ganó la medalla de oro en Beijing y su perfil bajo asegura trabajo y pocas polémicas.

Su idea es simple pero efectiva: recuperar todo lo que un cambiante Maradona incendió con su desconocimiento y prepotencia. Que Messi juegue como corresponde y en el lugar que debe, arropado por tocadores que hagan de la selección argentina un equipo ofensivo, con permanente iniciativa y la impronta necesaria para defender el orgullo de un fútbol desmemoriado, pero glorioso.

Sergio Batista, en un futuro cercano, recuperará la inteligencia superior de Juan Román Riquelme, lo juntará con la clase de Pastore y empleará a Leo Messi y sus exhibiciones como Matador de tres cuartos de campo hacia adelante. La selección argentina intentará recuperar el estilo de siempre pero con el rigor táctico y estratégico que el fútbol actual requiere.

Defensa adelantada, posesión de balón como esquema defensivo y verticalidad arriba fueron los condimentos del campeón olímpico y las virtudes que repetirá Batista con la selección absoluta de cara a la Copa América 2011 y al Mundial 2014, si lo dejan.

Contra España, seguramente, la Argentina que veamos no se parezca a la que será, pero cuidado: ya no está Maradona ni lo que lo rodeaba. Sergio Batista, buena gente, querido y respetado está hecho de otra madera: la del toque, la de siempre, la que en Argentina se llama hacer la nuestra. ¡Bienvenida la cordura para soñar despiertos!

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