Argentina: Vélez, la familia unida

El de Liniers es un club que en base a sacrificio, unión, y los consecuentes campeonatos, se ha convertido en uno de los más grandes del país.

04/07/2009 01:57:48

Fabian Cubero - Velez Sarsfield
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Por Nicola Di Marchi.-

Un día salió de pobre. Hasta entonces, la miseria sentimental era parte de su vida tanto como su amado Vélez Sarsfield. Pensaba que él tenía algo en común con el club, como si lo que le pasaba a uno le ocurría al otro.

Don Osvaldo tuvo el primer indicio de eso en 1953, cuando a los 20 años conoció a una hermosa mujer. Para ser sinceros, ella era mucho para él, quien la enamoró por cuestiones que sólo Dios sabe. Fue en uno de los tantos bailes que organizaba la institución de Liniers, a los que concurría masivamente la gente del barrio. Ese año, su equipo acarició la hazaña, tras escoltar en la clasificación al campeón, el River.

Aquellas reuniones eran la excusa perfecta para juntarse entre amigos, conocidos y desconocidos, a los que los unía un mismo sentimiento: el amor por la camiseta con la 'V' azulada. Todos ellos gestaron la denominada 'familia velezana', pues si hay algo que caracteriza al aficionado de Vélez, es la unión, el respeto entre ellos, la concurrencia al estadio con sus seres más cercanos. 

Don Osvaldo es culpable en gran parte de esa cualidad de su querido club. En los bailes, que además servían para recaudar fondos, él no pasaba desapercibido. Siempre optimista, jamás se dejó vencer por los malos resultados del equipo, y apoyó en cada uno de los malos y no tan malos momentos. Porque a decir verdad, el conjunto argentino iba de fracaso en fracaso, y las alegrías eran ínfimas. Con decir que su gente se contentaba con arañar un empate ante los equipos de mayor importancia…

Una frase que se escucha mucho en la Argentina es que 'grande se nace'. Vayan a decirle eso a Don Osvaldo. Él sabe lo que significa empezar desde abajo, lo que se dice remarla. Y hoy se considera aficionado de un club grande. Razones no le faltan, pues la gloria deportiva ha llegado tarde, pero ha llegado. La institución merecía campañas futbolísticas acordes a su infraestructura, acordes a su estadio, uno de los más bonitos y cómodos de aquel país.

El fútbol es como su propia vida, donde ahora recoge lo que ha sembrado. De aquellos bailes con amargas charlas sobre un futuro incierto, a un presente auspicioso, lleno de prosperidad y trofeos en las vitrinas. Aún recuerda el primer camponato que festejó, en 1968 y junto a la misma mujer que había conocido 15 años atrás, con la que tiene varios nietos.

Es cierto que el Vélez ha ampliado considerablemente su número de simpatizantes durante la década del '90, la que ha traído innumerables títulos a nivel local e internacionales, de la mano de Carlos Bianchi. Por eso es rescatable lo de Don Osvaldo, pues no se ha sumado al carro de la victoria. Ha estado desde el principio.

La historia del club es rica recientemente en cuanto a logros deportivos, pero las características de su afición fueron las mismas siempre, las que pregona Don Osvaldo desde hace muchos años. Y el éxito no los ha mareado, sólo los ha engrandecido.

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