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La Columna de Ivar Matusevich: Pep Guardiola, o la revolución en marcha

La Columna de Ivar Matusevich: Pep Guardiola, o la revolución en marcha

Shaun Boterill/FIFA

Guardiola ha sido blanco de todo tipo de elogios pero su trabajo, inobjetable desde cualquier punto de vista, vive en transformación permanente. Es, el Barça, un producto inacabado

Por lvar Matusevich: Follow adrianboullosa on Twitter

El gran fracaso de las revoluciones, azules, rojas, blancas o negras, ha sido entender el poder como un fin en sí mismo y obviar la continuidad de los tiempos una vez conseguido. Si, desde lo teórico, Karl Marx nos enseña aún que los procesos revolucionarios deben ser permanentes para no escindirse en la conservación del gobierno volviéndose rancios y reaccionarios, en la práctica nadie siguió sus postulados y el resultado de la nueva utopía culminó siempre en la misma pesadilla de libertades coaccionadas y represión.

La Columna de Ivar Matusevich


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No hay Abismo en la grandeza

Sin llegar a semejante drama, en el fútbol de Pep Guardiola, el ideario de la transformación constante nos lleva a que el paso más allá del éxito logrado, lo genera la ambición de comprender lo que vendrá, partiendo de la base de que sólo existe la esencia como meta y forma para no repetir nada o casi nada de lo que nació con la primera de las utopías: llegar al gol sin regate y la forma como el fin verdadero.

En fútbol, y como señalara el gran Marcelo Bielsa, a quien desde aquí expreso mi admiración tardía, pero real, Josep Guardiola es contra-cultural. ¿Por qué? Dentro del mundo de la redonda, en donde nada es más verdadero que la dinámica de lo impensado –otra vez Dante Panzeri, sí-, por el contrario, se cree y repite con la estrechez intelectual pertinente que, lo que funciona, no se cambia. Y lo que funciona es lo que gana, se supone.

Pues bien, Guardiola, contra todo lo conocido hasta el momento y objeto de envidias y rencores más o menos solapados por intereses obsecuentes, ha destrozado los lugares comunes del deporte más popular y lo ha conseguido sin decir una sola palabra: haciendo, construyendo y transformando. ¿No es eso la Revolución?

Otra de las vulgaridades destrozadas por Pep ha sido aquello que los líricos de antaño –dentro de los que incluyo mi ignorancia- profesaban con la veneración pertinente: el rival no importa, sólo nosotros. Así, el jogo bonito defendía como el traste e hincaba sus rodillas ante la Italia del golpe y las trincheras. El técnico blaugrana, por el contrario, matiza todo menos el gran axioma: posesión-control-iniciativa-ataque = FC Barcelona.

En consecuencia, por respeto y atención hacia los contrarios y sus formulaciones, el entrenador más ganador de los últimos años, estudia a los rivales, llámese Al Sadd, Real Madrid, Estudiantes de la Plata, Bate u Hospitalet. Entiende cada reto como un ejercicio intelectual y desde esa praxis busca, y casi siempre encuentra, el camino para imponer su estilo y, con él y a partir de él, la victoria. Sólo así podemos intentar comprender la contemporaneidad de lo que estamos viviendo.

En la permanencia del cambio, en la democratización total del mérito, en la humildad de su procedencia y en el amor por su identidad, rincón del mundo en el que le ha tocado nacer, Josep Guardiola i Sala, excepción total de una sociedad que vive desde la medianía del éxito sin prestigio, ha conseguido, mediante el gerundio más continuo, hacer converger transformación y coyuntura, tiempo y continuidad, pragmatismo y utopía. Es contra-cultural y revolucionario. Nunca se cansará de buscar la fórmula porque, simplemente, no se reconoce en el éxito sino en la utopía y eso, ya sabemos, nunca se consigue. Pero qué bello es perseguirla siempre.

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