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Copa Libertadores

  • 18 de abril de 2013
  • • 00:45
  • • Estadio Nemesio Díez, Toluca de Lerdo
  • Árbitro: Í. Machado
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La defensa de Boca fue un concierto de errores conceptuales y el Xeneize cayó en México.

Toluca 3-2 Boca Juniors: Efecto tequila

La defensa de Boca fue un concierto de errores conceptuales y el Xeneize cayó en México.

Festejo Toluca

Toluca volvió a ganarle a Boca: esta vez fue 3-2 con goles de Benítez y un doblete de Flavio Santos. Somoza y Pol Fernández pusieron el empate transitorio para el Xeneize

Como esos equipos que atacan constantemente y asfixian a sus rivales, Boca intentó mantener a sus defensores centrales más cerca del mediocampo que del área propia. Con la línea media bien metida en campo rival y los delanteros merodeando cerca del arco de Toluca, el equipo de Bianchi pretendió dominar pero claro, sus zagueros no son veloces, sus volantes no son incisivos, salvo Riquelme, y sus delanteros no son letales.

En conclusión, con una defensa lenta y en línea, nada más fácil para un jugador con un poco de lucidez que meter un pase en profundidad y que un compañero aproveche el horror conceptual de la última línea para picar sólo a encontrarse con el arquero. Apenas diez minutos tardó el ya eliminado Toluca en darse cuenta dónde estaba el asunto, y se volvió a repetir algo que ya es habitual en los partidos de Boca: un defensor corriendo varios pasos atrás a un delantero, Orión a mitad de camino y gol. En este caso, el verdugo fue Benítez, que definió cruzado, suave, por abajo y sin presión.

Al conjunto mexicano no le sobra nada, por eso quedó eliminado en un grupo atípico en el que a todos los equipos les costó ganar de local y, además, ninguno exhibió un nivel tal como para que los ganadores de los siete cuartetos restantes pongan el ojo en Boca y Nacional, los dos que están en octavos.

Aunque muchas veces se haga alusión al manual del fútbol, desafortunadamente dicha biblia aún no fue escrita y bastante bien le haría a varios jugadores. Lo demostró Riquelme con dos gestos dirigidos a Guillermo Fernández, que primero pretendía alejarse del 10 en un tiro libre cuando la jugada pedía que pasara a velocidad por la banda para que en lugar de centro a la olla de Riquelme, el juvenil entrara al área con pelota dominada. Primero le espetó un: “¡Vení!”, y después, luego del desborde que no fue tal, Román juntó a un par y lo dejó solo nuevamente sobre el borde del rectángulo mayor pero el volante se demoró en definir. Acto seguido, el enganche de Boca se golpeó ambas piernas con las manos, incrédulo y seguramente maldiciendo a la Play Station y tantos otros factores externos que atrofiaron a los pichones.

De un nuevo error conceptual llegó el segundo del local, cuando Santos anticipó a Albín, que nunca llegó a cerrar, y Orión se estiró pero nunca la pudo sacar. La defensa de Boca es un monumento a la vulnerabilidad; endeble, distraída, apesadumbrada, dejó hacer a voluntad dentro de su propia área. Ni el bombazo de Pol Fernández sirvió para despabilar a sus compañeros. En la jugada siguiente, Flavio Santos volvió a cabecear solo aunque esta vez el asunto fue más grave porque era un córner y el área estaba poblada.

De no haber sido por Orion, era goleada. Finalmente Boca quedó embobado, clasificó a octavos pero desperdició la chance de quedarse con el grupo y volvió a tener un pésimo nivel colectivo.

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