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Olimpicos

  • 26 de julio de 2012
  • • 15:45
  • • Hampden Park, Glasgow
  • Árbitro: M. Geiger
  • • Espectadores: 37726
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España 0-1 Japón: Una Rojita horrible pierde con justicia en el debut olímpico

España 0-1 Japón: Una Rojita horrible pierde con justicia en el debut olímpico

Getty Images

La selección de Luis Milla deja un mar de dudas en el debut, pudo perder por más, y se emplaza en el horizonte a Brasil en los cuartos de final de Londres 2012

En Hampden Park, un estadio que inmortalizó una volea irrepetible de Zinedine Zidane y elevó al noveno cielo europeo al Real Madrid hace diez años, echó a andar la competición olímpica para España, un equipo que aspira a reeditar el oro dos decenios después de Barcelona 92.  Comenzó la selección a contrapie, con una derrota ante Japón que más allá del resultado y el sofocón de situar a Brasil en el horizonte de los cuartos de final, dejó unas sensaciones más que preocupantes con un equipo mustio, contemplativo atrás y sin opción de réplica en todo el partido.

Corren tiempos de bonanza para el fútbol español, sumido en un lustro de éxitos sin precedentes. Así interpretan su contraparte los rivales, que de entrada asumen un rol con reservas. Japón se mostró como una selección solidaria y organizada, basada en la confluencia de nueve trabajadores abnegados y un delantero, Nagai, capaz de personificar la figura del autónomo.

Resuelto para jugar al espacio y de espaldas, el nueve asiático fue clave para acreditar la propuesta japonesa. Retrató a Domínguez, en una tarde para olvidar, y expulsó a Iñigo Martínez en una jugada que evidencio muchos de los problemas de la defensa española. Tuvo dos mano a mano, pero la definición es algo que separa a los buenos de los elegidos.

Fue sencilla a la par que práctica la tarea de Japón, valiente en la presión durante los noventa minutos, plegada en el achique a una distancia decente respecto a su arco y lanzada fulgurantemente tras la recuperación. Sin balón, la propuesta nipona fue elogiable, y el contraste estilísticos que provocó interesante. Con balón siempre tuvo sentido.

Hizo de la paciencia España su mayor virtud. Aunque quizás pecó de conformista e indolente. No es sencillo abrir un torneo con la púrpura de unos Juegos Olímpicos, y España salió decidida a administrar cualquier tipo de sobresalto.

Jugó sin alardes hasta que se asomó, sin excesiva nitidez, a cabalgar el partido. Cuando más cómoda estaba la selección de Luis Milla, llegó el shock japonés. Otsu se aprovechó de un desconcierto grupal de la defensa española a la salida de un corner para imponerse a Montoya y ajusticiar a De Gea, que dudó en la salida.

El gol desencadenó una serie de acontecimientos impredecibles. Difíciles de entender para un once que acumula centenares de partidos en Primera y cuenta con campeones de Europa y del Mundo. El espíritu minimalista de España, controlado hasta el máximo, derivó en un frenesí de errores inexplicables. Una hemorragia que no paró hasta el pitido final. Una atorada en cadena entre Montoya, Domínguez y De Gea a punto estuvo de costar el segundo gol japonés apenas cinco minutos después del primero.

No quedó ahí el disloque español y su defensa. A falta de tres minutos para el descanso, un mal control de Iñigo Martínez, el último hombre de España, terminó en las botas de Nagai, que le hizo el lío al vasco, quien lo derribo agarrándolo de la cintura. Roja directa.

No fue capaz España de cambiar el guión en la segunda mitad. La selección de Milla no controló el partido y el despelote en defensa alcanzó cotas aberrantes en el primer tercio de la reanudación. Hasta en tres ocasiones pudo vacunar Japón a España. De Gea en una ocasión y dos disparos excesivamente cruzados dejaron con vida a una selección nacional completamente desnortada, ofreciendo una gama de facilidades al rival incompatibles con la victoria en cualquier torneo serio.

Las entradas de Oriol Romeu como pivote, que desplazó a Javi Martínez a la posición de central, y la de Ander Herrera asemejaron a España a sí misma. Se cortó la sangría defensiva y se ganó en criterio, orden y profundidad, sobre todo por los costados gracias a los despliegues de Montoya y Alba. No obstante, estas mejorías nunca estuvieron aparejadas de precisión y velocidad. Tampoco el físico pareció el mejor. Rodrigo y sus medias caídas son una metáfora de una lánguida España en el debut en Londres 2012. Hampden Park dejó a un equipo mustio, sin acuse de respuesta y con un mar de dudas para afrontar un torneo en el que la victoria se antojaba como casi una obligación.

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