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Bundesliga

  • 28 de abril de 2012
  • • 15:30
  • • VELTINS-Arena, Gelsenkirchen
  • Árbitro: G. Perl
  • • Espectadores: 61673
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Schalke 04 4-0 Hertha Berlin: Danke, Raúl

Schalke 04 4-0 Hertha Berlin: Danke, Raúl

Getty Images

El Veltins Stadium reverencia al siete, que marcó gol, en un partido que certificó la presencia del equipo en Champions y sirvió de agradecimiento a un futbolista incomparable

Hay momentos que resumen una vida, y Raúl González Blanco se agrandó en su despedida. Marcó un gol, y devolvió el cariño a su gente con una celebración síntesis del binomio Raúl-Schalke 04. Corrió hacia la banda, se arrodilló, y armó una reverencia. Agradecido. Raúl se despidió del Veltins Arena, y el Veltins Arena se despidió de Raúl en una simbiosis sobrecogedora. La de la leyenda del que fue profeta en su tierra y fuera de ella. Y la de la afición, que siempre intuyó a un Raúl efímero, rendida a la dignidad futbolística que ha exportado el siete. Durante el partido, que certificó la presencia del Schalke en la Champions League, los mensajes de las vallas publicitarias alternaban sus anuncios con mensajes de agradecimiento. ‘Danke Raúl, Gracias’.

No era un choque menor para ninguno, con el Schalke intentando sellar su presencia directa en la próxima Champions y el Hertha en una huida hacia delante, persiguiendo una segunda vida, la que da el antepenúltimo puesto en forma de play off por la permanencia. Los dos buscaron su destino a su manera. El conjunto local, desabrochado como siempre, enfiló la portería rival desde el inicio, concediendo al equipo capitalino espacios para explotar el contragolpe. Así se fue gestando un partido de cocción lenta, marcado por el control del Schalke, a quien le fueron concedidos todos los argumentos, pues el Hertha esperó con diez hombres por detrás de la línea del balón. Disciplina marcial, sello de Otto Rehaggel, arquitecto del milagro griego en la Eurocopa 2004.

El partido lo descorcho Huntelaar a la media hora, dejando patente que es de esa estirpe de goleadores que perdonan una, no más. Había avisado con un cabezazo en la acción anterior, y no perdonó en la reválida. El holandés, siempre en el filo de los matadores, aprovechó un servicio de un atrevido Matip, que creó agitación constante en sus incorporaciones, para definir sin problemas en el mano a mano ante Kraft. El gol comenzó a definir a la perfección la validez de cada propuesta. Hizo sentir al Schalke cada vez más a gusto, en estado perenne de placidez ante la ausencia de respuesta del Hertha, que demostraba que en nada podía variar un guión que ambicionaba el empate y poco más.

La segunda mitad siguió el discurso monocorde. El Schalke, hasta se permitió desperdiciar la sentencia recién estrenado el segundo acto marrando dos ocasiones en botas de Jurado, titular, y Huntelaar. El propio discurrir trajo el certificado de defunción del Hertha. Una jugada directa, propulsada desde el saque de meta, terminó, sin prolegómenos, en las botas de Holtby, que echó el candado al partido resolviendo otro mano a mano. Huntelaar hizo el cuarto, pero ya sólo importaba Raúl, protagonista de un homenaje perpetuo.

El momento, inexorablemente, llegó. El partido cesó, respetuoso con ese hombre, con el siete a la espalda, que tan bien le ha tratado en dieciocho años de una carrera irrepetible. “Me dijeron gracias al venir, y me dicen gracias al irme”. Así lo hizo el Veltins Stadium, en pie, reverenciando a un mito. A un futbolista al que han bastado dos temporadas convertirse en leyenda del Schalke 04. Hasta los futbolistas y los aficionados del Hertha, casi condenado a segunda, aguardaron a la despedida del siete. Nadie se movió del estadio, que así reconoció a Raúl, acompañado de sus hijos. El público esgrimió infinidad de pancartas en perfecto español y fotos con la efigie del siete. Emocionante. Danke, Raúl. ‘Muchas gracias, el rey del fútbol’ rezaba una pancarta. Irse así, es quedarse para siempre.


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