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Primera División

  • 17 de febrero de 2013
  • • 21:00
  • • Estadio Santiago Bernabéu, Madrid
  • Árbitro: José Luis Paradas Romero
  • • Espectadores: 63000
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Real Madrid 2–0 Rayo: Morata y Kaká, actores revelación en el drama de Paradas y Ramos

Morata y Ramos adelantaron muy pronto a los blancos. El de Camas, expulsado a los 20 minutos. Mal papel de Paradas Romero. El Rayo, contra diez, incapaz de imponerse

El Real Madrid hizo los deberes en su regreso a la Liga ganando a un Rayo Vallecano que asustó más en la previa que en los noventa minutos reglamentarios. Y eso que a los blancos les costó más de lo previsto sumar los tres puntos después de adelantarse 2-0 en el primer cuarto de hora, merced a los tempraneros goles de Morata y Sergio Ramos. Pero fue fruto sobre todo de la propia expulsión del defensa de Camas con 70 minutos por jugarse, más que del empuje sin mordiente del cuadro franjirrojo. Con diez jugadores sobre el campo, se aferraron al resultado con todas sus fuerzas los pupilos de Mourinho, que acabó desquiciado con la actuación de un errático Paradas Romero.

Y eso que el partido no pudo empezar mejor para el Real Madrid. Pese a los cambios en el once inicial y el cansancio acumulado en Champions, los pupilos de José Mourinho saltaron al césped con las uñas bien afiladas, y a los quince minutos ya ganaba por 2-0. El primero gol, obra de Morata al remachar a gol un centro de Ozil cuando apenas se llevaban tres minutos disputados. El canterano debutaba como titular en Liga, y el dios fútbol le tocó con una varita. Como en el Ciutat de Valencia. Diez minutos después sería Sergio Ramos el que cabeceara a gol una falta lateral también botada por Ozil. Dos goles que ponían al Real Madrid en franca ventaja, camino de una goleada ante un Rayo hibernando.

Sin embargo, a los 17 minutos el guión del partido daría un giro inesperado en apenas 45 segundos, que fue lo que tardó el mismo Sergio Ramos en ver dos tarjetas amarillas, una por una falta y otra por manos. Un hoy dubitativo e incoherente Paradas Romero ni se lo pensó y le mostró el camino de los vestuarios sin que se hubiera dado aún una mala patada. Y con Albiol ya en el campo en lugar de Morata, el Rayo Vallecano tomó el control del partido, encerrando a los blancos en su propio campo a base de su fútbol de toque. No llegó a rematar con claridad a Diego López antes del descanso, pero con su empuje al menos conseguía hacerle demasiado largo el campo al Real Madrid como para que culminara alguno de sus clásicos contraataques con un jugador menos.

Y tras el paso por vestuarios, la dinámica se repetía cíclicamente. Con Ronaldo arriba con el síndrome de Formentera, el Rayo sobaba el balón, incapaz de hacerlo llegar en condiciones al área excepto por sendos tiros de Lass y Piti, más unas manos de Coentrao dentro del área que el trencilla no estimó como tal. Muy poco para lo que se esperaba de un Rayo valiente, tocón y en puestos europeos.

Un Mourinho desquiciado con Paradas Romero por su desigual criterio sancionador dio entrada a los 70 minutos a los Callejón y Di María en lugar de los ovacionados Ozil y Kaká, que fueron de lo mejor del partido. Pero la sangre oxigenada no trajo consigo más vértigo a un partido que murió en el mismo momento en el que Sergio Ramos fue expulsado. El Real Madrid se vio falto de recursos o de fuerzas, que no de fe, y el Rayo no creyó tener ni una cosa ni la otra en ningún momento.

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