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Primera División

  • 22 de febrero de 2014
  • • 16:00
  • • Estadio Santiago Bernabéu, Madrid
  • Árbitro: Eduardo Prieto Iglesias
  • • Espectadores: 73254
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Real Madrid 3–0 Elche: Gareth Bale agita a un perezoso gigante merengue

El equipo merengue echó de menos a Luka Modric. Gris partido coral durante 70 minutos. Illarra marcó el primero, y Bale deslumbró con un golazo desde 25 metros. Isco también marcó

El Real Madrid sigue pujando fuerte por la Liga BBVA después de vencer al Elche en un partido que, eso sí, dejó ver una versión del equipo blanco bastante más pobre de lo que venía acostumbrando. Pues a excepción del gol de Illarramendi en la primera parte, los primeros tres cuartos del partido fueron soporíferos a más no poder. Sería Gareth Bale, con un golazo desde 25 metros para poner el 2-0, el que terminaría alegrando la última parte del encuentro, aprovechándolo un Isco que redondeó la engañosa goleada. El liderato sigue en manos de los blancos, sea como fuere, cerrando además el récord de 26 partidos seguidos sin perder antes de afrontar los octavos de final de la Champions League.

No Modric, no party. Recibía el Real Madrid al Elche con los ánimos por las nubes. Después de 25 partidos seguidos sin perder, contra un equipo que hacía décadas que no pasaba por el Santiago Bernabéu, y con la fiesta previa que tributar al equipo de baloncesto. ‘Pan comido’, pensarían los aficionados merengues. Nada más lejos de la realidad, y es que la primera parte resultó trabada como hacía tiempo que no se vivía en el coliseo merengue. Los chicos de Fran Escribá, muy disciplinados, supieron tapar al trío merengue en la medular: Di María-Xabi-Illarra. Especialmente, Javi Márquez y Rubén Pérez. Y ahí fue diluyendo la pegada de los blancos, que echaron de menos el vértigo de Luka Modric en la medular. Ese jugador que con el control es capaz de romper toda una línea rival.

Illarra rompe la igualdad en un córner de rebote. De esta forma, los minutos se fueron consumiendo en el coliseo blanco y las ocasiones de gol llegaban con cuenta gotas. Ninguna del lado ilicitano y apenas cuatro acercamientos del bando merengue, el más peligroso, un córner botado por Di María que se estrelló directamente en el larguero. El gol sólo podía llegar en una jugada fortuita, o a balón parado, y efectivamente, así fue. Al saque de un córner, a la media hora, con Illarramendi rematando desde la frontal del área y su disparo rebotando en un jugador visitante antes de alcanzar la red de la portería de Manu Herrera. Un gol sin nada de lustre, pero que vale como el más bello de la historia. Y en este partido en concreto, era más que necesario para desatascar  un gris encuentro.

Botía se juega la expulsión. La segunda parte comenzó con el mismo ritmo cansino de la primera. Al menos, hasta que al primer cuarto de hora Botía firmó una acción que pudo cambiar el partido al derribar a Jesé cuando se marchaba solo. El colegiado Prieto Iglesias le mostró sólo la tarjeta amarilla, y eso encendió los ánimos de ambos equipos, que aunque fuera con la excusa del árbitro, subieron de revoluciones. Ya el Elche había reclamado fuera de juego en la jugada que dio pie al gol de Illarra, y luego pidió la expulsión de Pepe por una patada a destiempo. Y aunque no fuera por fútbol y tuviera que ser por el colegiado, al menos el aficionado agradeció que por fin despertaran del letargo.

Gareth Bale revienta la portería del Elche. Le vino a bien esa agitación al jugador galés, que encontró el hueco que no había visto en toda la tarde para enchufar un chut desde 25 metros que se coló de forma inapelable en la portería de Manu Herrera tras impactar en el larguero. Un golazo que fue, con mucha diferencia, lo mejor de la tarde. Y que además de brindar los tres puntos en bandeja de plata al Real Madrid, sirvió para abrir el encuentro definitivamente en su fase final. De hecho, Carvajal a punto estuvo de marcar desde la misma línea de gol. E Isco, que salió desde el banquillo (para jugar con un 4-2-3-1), marcó un bonito gol en las postrimerías donde pocos veían el hueco para embocar a puerta. La guinda a una goleada que ni mucho menos fue reflejo del pobre nivel del partido durante las primeras tres cuartas partes del mismo.



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