thumbnail Hola,
En vivo

Super Copa

  • 29 de agosto de 2012
  • • 22:30
  • • Estadio Santiago Bernabéu, Madrid
  • Árbitro: Antonio Miguel Mateu Lahoz
  • • Espectadores: 78000
2
F
1

Global 4 - 4, Real Madrid vencedor por valor goles visitante

Real Madrid 2-1 Barcelona: Super supercampeón

Real Madrid 2-1 Barcelona: Super supercampeón

Getty

Los jugadores blancos responden al reto de Mourinho con un baño superlativo en la primera mitad. Tuvo hasta siete mano a mano con Valdés. Barcelona jugó 60 minutos con diez

El Real Madrid de Mourinho gana por primera vez un Clásico en su estadio con una remontada de tintes épicos que bien le valió el título de la Supercopa. A base de casta y pundonor, fue capaz de imponer su racial y algunas veces entendido como rudimentario estilo de potencia y contrataque frente al poético fútbol del Barcelona. Dicen que la pluma es más fuerte que la espada, pero esta vez no fue así. El Real Madrid desmontó a un Barcelona irreconocible en una primera parte donde gozó de hasta nueve ocasiones claras. Higuaín y Ronaldo aprovecharon dos de los siete mano a mano totales antes del minuto veinte. Messi redujo distancias de falta directa al borde del descanso. Pedro y Jordi Alba bien pudieron haber metido al Barcelona en el partido, con diez desde el minuto 30 por expulsión de Adriano, pero no era el día de los blaugrana. El Real Madrid lo puso todo para llevarse el título, y para ganarse el cariño de su entrenador. Y así fue.

Después de la machada en Getafe, José Mourinho había lanzado primero una reprimenda y luego un reto a sus propios jugadores, a los que acusó de poca actitud e implicación. Y los futbolistas blancos respondieron como seguramente el técnico buscaba, tirando de garra, corazón y pundonor en una primera parte de las que hacía muchos años que no se veían en un Clásico. Con un Barcelona como el Titanic, totalmente desbordado, y un Real Madrid con oportunidad de sentenciar el partido prácticamente a cada minuto que pasaba. Lo que nadie hubiera creído no ya esta semana, sino en los últimos tiempos.

Y la mejor muestra es que al minuto veinte de partido, el equipo blanco se había plantado ya cuatro veces frente a Victor Valdés en mano a mano. El cancerbero le paró dos a Higuaín, compensando así la machada del partido de ida, pero no pudo con los otros dos. El propio Pipita marcó a los diez minutos aprovechando un despeje de Pepe que Mascherano, incomprensiblemente, no acertó a repeler. Y ocho minutos más tarde fue Ronaldo, aprovechando un pase de Khedira que Piqué no supo cortar, y luego Valdés no pudo detener. La defensa del Barcelona, de donde se ausentó Alves por lesión en el último momento, hacia aguas por todas partes, y el Real Madrid le estaba sacando máximo rendimiento. Un 2-0 que obligaba al Barcelona a marcar dos tantos al menos.

Sin embargo, y al contrario de lo que sí hizo en anteriores Clásicos, ni por ésas el Real Madrid dejó de pisar el acelerador, como poseído por el diablo, la ira que les había infundido Mourinho a sus jugadores, o los gritos de un Bernabéu en éxtasis que no se creía que lo veía. Un Barcelona impreciso como nunca, timorato, tocado en su moral y en su fe, blando en defensa, que no podía poner freno al torbellino de un Madrid imparable al contraataque, y más que serio en defensa. De ahí que hasta el descanso todavía Mateu Lahoz le anulara un gol al Real Madrid por falta en ataque de Pepe al saque de un balón parado, y que Mesut Ozil le sacara un penalti a Busquets que el técnico obvió. Y no contento con eso, Ronaldo todavía forzó la expulsión de Adriano en un nuevo contraataque a la media hora. Se plantaba solo frente a Valdés cuando el lateral le derribó. Expulsión indiscutible. Y tal era el vendaval merengue que, pese al 2-0 y a que el Barcelona está acostumbrado a jugar con sólo tres defensas, Vilanova dio la alternativa a Montoya quitando a Alexis. Confiaría mucho el técnico en que sus hombres de ataque podrían dar la vuelta al marcador siendo uno menos, ¡pero menudo papelón para el joven defensa aún así!

Antes del descanso, Higuaín a punto estuvo de marcar en otro mano a mano que le rebañó Mascherano en el último momento, y Victor Valdés volvió a ganarse su sueldo parando un remate a bocajarro de Khedira desde dentro del área. En total, hasta nueve ocasiones de gol claras tuvo el Real Madrid antes del paso por vestuarios. ¡Nueve! Y paradójicamente, fue Leo Messi el que se coronó en el minuto 45. Desaparecido y desquiciado ante la gran defensa de los Xabi, Khedira, Ramos y, sobre todo, Pepe, el argentino todavía puso su pizca de esencia al partido con un golazo de falta directa en la que prácticamente fue la única ocasión blaugrana en la primera mitad. Desde unos 25 metros, y aprovechando que la barrera no estaba muy bien colocada, colocó el cuero pegadito al palo, pasando por el lateral de la barrera, que no por encima. Dejando un 2-1 para la incertidumbre, pese a la manifiesta inferioridad blaugrana, numérica y futbolística.

Y de hecho, el comienzo de la segunda parte alimentó esa zozobra en la grada ante un Madrid en su versión más contemplativa. Ya no mordía arriba, sino que esperaba a su rival atrás, como en busca de ese contraataque que le abriera las puertas del olimpo. Sin embargo, Pedro casi se las cierra de golpe. El canario, eléctrico como siempre buscaba revolucionar el partido y a punto estuvo de lograrlo a la hora de partido si no llega a ser por Casillas, que le detuvo un mano a mano sensacional. Por no redundar en lo de milagroso, que lo fue. Y a falta de cuarto de hora otra oportunidad idéntica. Esta vez por la otra banda, esta vez recibió Jordi Alba, y esta vez fue Ramos el que desbarató el gol cuando el lateral ya había desbordado a Casillas. El Real Madrid se había contagiado del ritmo lento de un Barcelona que buscaba su alma a base de toque-toque, y aunque no la encontraba, tenía calidad de sobra aún así para generar peligro ante un Madrid desfondado, o dormido.

Quizás por ello, y aunque Valdés le sacó otro mano a mano a Khedira, Mourinho movió su banquillo a falta de diez minutos, dando entrada a la sangre nueva de Benzema, Callejón y el debutante Modric. Y el caso es que al poco de los cambios, Higuaín tuvo un nuevo mano a mano con Valdés que despejó Mascherano in extremis, y Cristiano probó de nuevo los reflejos de Valdés con otro tiro desde dentro del área. Un último impulso que llevó en volandas al Real Madrid hasta que se agotó el tiempo reglamentario para hacerse acreedor del título de Supercopa. Ni Messi con un último tiro sobre la bocina lo consiguió esta vez. La segunda parte no dignificó la vertiginosa primera mitad, no le hizo tampoco falta al Real Madrid, que ya tenía suficiente y lustroso colchón. Fue un super supercampeón.

Artículos relacionados