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UEFA Liga de Campeones

  • 24 de mayo de 2014
  • • 20:45
  • • Estádio do Sport Lisboa e Benfica (da Luz), Lisboa
  • Árbitro: B. Kuipers
  • • Espectadores: 60976
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Real Madrid 4-1 Atlético: Por fin, La Décima

Real Madrid 4-1 Atlético: Por fin, La Décima

Getty Images

Doce años después, el conjunto blanco vuelve a ganar la Champions League tras superar a su vecino madrileño en la prórroga

“Las finales se ganan, no se juegan”. Esa frase la acuñó Luis Aragonés cuando se proclamó campeón de Europa con la selección española en el año 2008. La memoria del Sabio de Hortaleza estuvo en la memoria de todos cuando Sergio Ramos en el minuto 93 cabeceaba un centro de Luka Modric, recordando los goles de Munich que llevaron al Real Madrid a esta gran final. En 1974 el Bayern Múnich hacía lo propio en el minuto 120 para echar por tierra el gran gol de falta de Luis Aragonés cinco minutos antes. De nuevo, en el último instante, el conjunto colchonero vuelve a perder una final de la máxima competición continental. El paralelismo se puede extender a la prórroga donde los de Carlo Ancelotti, más enteros físicamente, golearon sin piedad como golearon los teutones al Atlético de Madridhace cuatro décadas, en aquella ocasión en forma de partido de desempate.

El partido respondió a todos los cánones de una final hasta que marcó el Atlético. No se concede un solo segundo, ni un solo respiro. La presión es la tónica habitual basándose en la rectitud de los planteamientos tácticos. El choque y la fricción es la nota común y los espacios son protagonistas por su ausencia. Cada fallo se paga muy caro y su recuperación tanto en el momento como en el resto del encuentro se antoja misión imposible. En estos argumentos, en esta tesitura se mueve como pez en el agua el Atlético de Madrid, experto, por ejemplo, en cometer siete faltas y que todas ellas sean realizadas por siete jugadores diferentes. Especialista en aprovechar la única ocasión que se le presenta.

Antes de esa ocasión, la tuvo Gareth Bale al filo de la media hora de encuentro aprovechando un error de Tiago. Se introdujo dentro del área, encimado pero solo, amagó, pero su disparo mordido salió muy cerquita del palo derecho de Thibaut Courtois. Porque las imprecisiones empezaron a proliferar, aunque siempre había algún compañero que tapaba el fallo. Sin embargo, un portero no tiene espaldas. Y la madre de todos los fallos la protagonizó Iker Casillas (el guardameta con más porcentajes de paradas en Champions hasta entonces: 84,3%). Salió en falso en el segundo saque de esquina colchonero, en segunda jugada, cabeceó en asistencia Juanfran, tocó Godín anticipándose a Khedira, Luka Modric destrozaba el fuera de juego y al portero de Móstoles, a sabiendas de su error intentó reaccionar.

Demasiado tarde, el grito de gol de los aficionados atléticos ya estaba en la grada antes de que Raúl García remachara por si acaso. Era el grito de gol de esa afición que sufrió un añito en el Infierno en Segunda División, era el grito del desaparecido Jesús Gil, el grito del Cholo Simeone corriendo por la banda, el grito del corazón rojiblanco que tan a la sombra ha estado desde el glorioso doblete, el grito de Luis Aragonés desde el cielo vengándose de esa final perdida hace 40 años con El Sabio como protagonista.

Entonces, empezó la segunda parte. Y según iban avanzando los minutos, se entraba en terreno madridista, en el de la heróica, en el de conseguir lo imposible, en ese “espíritu Juanito” que les sirve como grito de guerra para lograr toda remontada, cuanto más difícil mejor. “Hasta el final vamos Real” y el “Sí, se puede” eran los cánticos que no paraban de cantar los seguidores madridistas. El dominio era dueño del mejor equipo del siglo XX, pero los huecos escaseaban ante un muro que tenía claro que debía defender los deberes que había hecho no solo durante todo el partido sino durante nueve meses.

El conjunto rojiblanco, en los segundos 45 minutos, solo tuvo una ocasión de Adrián que, al tocar Khedira, el balón se envenenó sin encontrar los tres palos. Mientras, el Real Madrid se acercaba, amenazaba, y achuchaba. Sin clarividencia pero con la calidad que atesoraban los recién ingresados Isco y Marcelo (gran acierto de Carlo Ancelotti, técnico que ya ha ganado tres Copas de Europa y que iguala a Rob Pasley). Porque hasta entonces los acercamientos eran escarceos de Cristiano Ronaldo a balón parado. Después, se abrió la luz, por los menos por los laterales y a través de los múltiples bombeos al área (34 en total).

Cristiano Ronaldo no llegaba por los pelos, Isco tiraba raso, Bale perdonaba hasta en dos ocasiones a cada cual más clara. Pero era imposible, no llegaba el ansiado empate. Y el reloj pasaba sin remisión con Gabi o Filipe Luis perdiendo todo el tiempo posible. Y el milagro llegó, el premio a la fé tuvo sus frutos con el cabezazo de Sergio Ramos en el minuto 93 elevándose sobre una defensa en la que esta temporada no se ha elevado nadie. El tanto que nos conducía a la prórroga.

La prórroga estaba cantada con un Real Madrid espoleado y un Atlético de Madrid reventado. Solo faltaban los tantos para materializar esta sensación y el primero llegó en el minuto 110. Ángel di María, que se hartó a provocar amarillas en todo el partido (los rojiblancos vieron siete), se escapaba por la izquierda para rematar ante Courtois que despejaba y, en el rechace, Gareth Bale, en su cuarta oportunidad, marcaba el tanto que rompía la final. Marcelo y Cristiano Ronaldo de penalti hizo el resto. La última jugada provocó la expulsión de Godín y la del Cholo Simeone, enrabietado por la celebración y por la actitud de Varane.

Una última acción que sobró y que empañó una final que tuvo todos los ingredientes como la primera final de la historia de la Champions League donde se enfrentan dos equipos de una misma ciudad. Un homenaje a la Villa de Madrid en toda regla. Las aficiones no han parado de animar, se han dejado la garganta como sus jugadores la piel. Habría ganadores y perdedores. Y los ha habido, de la manera más cruel para el Atlético de Madrid, que hoy es un mar de lágrimas pero que debe estar orgulloso de su temporada. Y de la forma más satisfactoria para un Real Madrid que, con la alegría por bandera y con este título, vuelve a consolidarse como el mejor club de fútbol de todos los tiempos.



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