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Copa del Rey

  • 10 de enero de 2013
  • • 21:30
  • • Estadio Benito Villamarín, Sevilla
  • Árbitro: Fernando Teixeira Vitienes
  • • Espectadores: 27755
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Real Betis ganó con resultado global 2 - 1

Betis 1-0 Las Palmas: Rubén Castro no tiene piedad de su pasado

El futbolista bético volvió a anotar al equipo de su ciudad natal, el club donde se formó como jugador

Rubén Castro no ha tenido piedad de los suyos. El grancanario ha vuelto a anotar ante el club donde se formó, sin remordimientos. El equipo insular se despide de la competición y con él la última posibilidad de contar con un Segunda para la siguiente ronda. El Real Betis se enfrentará ante el Atlético de Madrid en cuartos de final.

El buen momento de ambos equipos en sus respectivas divisiones, el Real Betis en Primera y Las Palmas en la categoría de plata, se comprobó en los primeros minutos de juego, con dos equipos que movían bien el balón, con buen trato y criterio. El encuentro prometía por lo incierto del marcador y por la calidad de las plantillas.

La Unión Deportiva no estaba acomplejada. El dibujo, con dos delanteros y un rombo en la medular, ayudaba a mirar hacia adelante. Y es que el empate inicial favorecía a los verdiblancos por el 1-1 registrado en el Estadio de Gran Canaria. 

Las mejores acciones de los béticos recaían en la juventud y en el descaro de dos futbolistas: Álvaro Vadillo y Alejandro Pozuelo, quien dejaba el partido antes de tiempo por una inoportuna lesión muscular a la media hora de juego. El relevo en el conjunto bético era Rubén Castro, grancanario de nacimiento y forjado en la cantera amarilla.

El primer tiempo se cerró con las apariciones del nigeriano Chrisantus, quien dispuso de la mejor ocasión, y Thievy, que eran los encargados de subir la velocidad del ataque de los visitantes. Un sólo gol separaba a la Las Palmas de acceder a los cuartos de final pero las oportunidades se habían mostrado escasas en los 45 minutos iniciales.

El segundo acto arrancaba con un Betis más espabilado. Un pase de Beñat a Jorge Molina era cruzado en exceso cuando se había filtrado sigilosamente entre los centrales. La movilidad de Rubén Castro comenzaba a hacer estragos en la zaga insular que parecía desbordada. El equipo de Heliópolis quería abrir el marcador.

La consabida ley del fútbol se aplicó, y la mejor opción para anotar volvió a tomar un tono amarillo. Thievy galopaba por banda derecha para servir a Chrisantus que remataba mordido un balón que se alejó de la portería defendida por Casto. Eran pocas las llegadas de la Unión pero hacían daño. La incertidumbre seguía instalada en el Benito Villamarín para los instantes finales.

A falta de cinco minutos, Rubén Castro robaba un balón a Hernán para inmediatamente encarar a Barbosa y batirlo. Castro era fiel a su cita con el gol y a su condición de verdugo de su exequipo: octavo partido ante la Unión Deportiva Las Palmas y séptimo tanto. Un guión que se veía escrito cuando el grancanario había entrado en el terreno de juego.

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