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Copa del Rey

  • 15 de enero de 2014
  • • 21:30
  • • Estadio El Sadar, Pamplona (Iruñea)
  • Árbitro: Antonio Miguel Mateu Lahoz
  • • Espectadores: 10403
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Real Madrid ganó con resultado global 4 - 0

El Real Madrid eclipsó también en la vuelta a Osasuna

Osasuna 0–2 Real Madrid: Cristiano Ronaldo silenció El Sadar con una falta de oro

El Real Madrid eclipsó también en la vuelta a Osasuna

Getty Images

Plácido triunfo de los blancos después de que el ‘7’ marcara con la ayuda de Andrés Fernández. Jesé le fabricó el segundo a Di María. Coentrao, expulsado. Morata, lesionado

El Real Madrid se medirá en cuartos de final al Espanyol después de dar buena cuenta de Osasuna en El Sadar. Si alguien pensó que el estadio rojillo podría arder con la visita de los merengues en pos de la remontada, se quedó con las ganas, porque en ningún momento pareció que los de Javi Gracia creyeran en sus posibilidades. Y si acaso alguno sí, Ronaldo pronto les hundió con un gol de falta a los veinte minutos aprovechando la mala praxis de Andrés Fernández. El encuentro, y la eliminatoria, se quedaron entonces sin historia alguna ya. Di María marcaría en la segunda parte tras un jugadón de Jesé para certificar una victoria de guante blanco. Ideal para reservar fuerzas de cara al asalto al liderato de la Liga el próximo sábado ante el Betis.

Cristiano, bendecido por el Balón de Oro. Llevaba el luso dos partidos sin ver puerta, ante Osasuna y Espanyol, con nefastas actuaciones de cara a puerta además. Pero fue recibir el prestigioso galardón, y la suerte que le parecía esquiva volvió del lado del ‘7’ blanco. No había sucedido nada hasta el minuto veinte en un partido de tantas imprecisiones como inusual escasa tensión. Hasta que Cristiano gozó de una falta a unos 30 metros de la portería. Se la pidió. Unos pasos atrás, piernas arqueadas, carrerilla, golpeo seco, trayectoria centrada… como siempre, vamos. Lo único, que esta vez Andrés Fernández no pudo sobreponerse al diabólico extraño que hizo el balón. Puso los puños firmes, pero el esférico le golpeó en el antebrazo y entró en su propia portería después de rebotar en el suelo y en las propias piernas del arquero rojillo. Una estrambótica maniobra. Un magnífico golpeo que contó con la inestimable colaboración del cancerbero y de una pizca de suerte. Un gol decisivo, sea como fuere.

Sólo Cejudo enciende El Sadar. La guerra por marcar el primer gol la había ganado Cristiano Ronaldo, y Osasuna, si alguna vez creyó en la remontada, inmediatamente cayó preso de su propia desesperanza. Amenazaba con ser un infierno para el Real Madrid, pero por momentos hasta el descanso, el partido fue totalmente inofensivo para los hombres de Ancelotti, que hilaban jugadas de veinte y treinta toques como el que hace churros, ante la mirada indiferente de los jugadores rojillos. Sólo en las postrimerías de la primera mitad, el coliseo navarro se animó algo merced a dos tiros de Cejudo y De Las Cuevas. Uno se estrelló en el palo, y el otro lo despejó Casillas. Poca dinamita para tanto fuego artificial que se presumía, sea como fuere.

Di María pone siete candados a la clasificación. Como se presumía, el arreón de Osasuna fue una excepción en la raquítica tónica general que ofrecieron los locales en El Sadar. De hecho, el Real Madrid apenas tardó diez minutos tras el descanso en poner todavía más tierra de por medio en el marcador. Fue Di María esta vez, que le debe un cuarto de gol a Xabi Alonso y otro medio a Jesé Rodríguez. El tolosarra le birló el cuero de los pies a De las Cuevas, y el canario le levantó las pegatinas a Loties en la banda para asistir al albiceleste, que ‘sólo’ tuvo que embocar a gol desde el punto de penalti. 0-2 en el marcador, y a guardar la ropa para la Liga y los cuartos de final. Saltaron al campo Bale, Casemiro, Morata, José García y Satrústegui casi simultáneamente para firmar un último cuarto de partido insulso hasta el sopor. Sólo Coentrao modificó ligeramente el guión provocando su expulsión por doble amarilla, así como Morata, que no pudo terminar el partido tras golpearse en el ojo en su primera acción. Se marchó llorando, dejando a su equipo con nueve. Pero los octavos de final estaban sentenciados desde mucho antes. La cabeza estaba puesta ya en la Liga hacía tiempo.



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