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Copa Mundial

  • 8 de julio de 2014
  • • 22:00
  • • Estádio Governador Magalhães Pinto, Belo Horizonte, Minas Gerais
  • Árbitro: M. Rodríguez
  • • Espectadores: 58141
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Brasil 1-7 Alemania: Joachim Löw traslada el sambódromo a Belo Horizonte‏

Brasil 1-7 Alemania: Joachim Löw traslada el sambódromo a Belo Horizonte‏

Getty

Los cinco primeros fueron materializados en apenas 20 minutos. Miroslav Klose entra en la historia como el máximo artillero de las Copas del Mundo

"El fútbol es un juego simple: 22 hombres corren detrás de un balón durante 90 minutos y, al final, los alemanes siempre ganan". La frase pronunciada por el gran delantero inglés Gary Lineker ha adquirido hoy una vigencia insospechada en Belo Horizonte tras la magistral primera parte de Alemania en la que los hombres de Joachim Löw han endosado una humillante goleada. Una Copa del Mundo que parecía predestinada a quedarse en casa y que se ha vuelto a esfumar de los anfitriones como una cruel maldición.

Luiz Felipe Scolari partió con la desventaja inicial de no poder contar con dos de sus pilares básicos en esta semifinal. Por un lado, el delantero Neymar, lesionado en el duelo ante Colombia, y por otro, la sanción de Thiago Silva. Dos ausencias claves en el esquema de Brasil que fueron suplidas por Dante, viejo conocido de la Bundesliga, y Bernard.

Bajo un extraordinario ambiente, acrecentado por la altura del campeonato, arrancó un partido en el que los ánimos de los locales se volvieron en su contra, como un 'boomerang' que regresa al inicio. Cinco minutos duró la efervescencia de la 'Seleçao', respondida con una contundencia mayor y una fiabilidad típicamente alemana. Un saque de esquina botado por Kroos, a los 11 minutos, dejó en entredicho a la zaga de la 'verdeamarela' cuando Müller perpetuó su idilio con las Copas del Mundo con otra diana, abriendo la caja de Pandora.

Si alguien de los 22 hombres tenía una cita con esta edición mundialista y la eternidad era Klose -único superviviente de la final de 2002-, el cual aprovechó otro contraataque para sumar su decimosexta muesca en la historia de los Mundiales, reventando el récord compartido con Ronaldo, destronando al ídolo, y revolucionando un partido que carecía de descanso.

Los germanos, vestido con los colores rojinegros del Flamengo, jugaban con su rival, divirtiéndose, brincando con alegría en una danza macabra en la que cada acercamiento suponía otro mazazo al corazón de la incrédula hinchada. La sucesión de los tantos era tan humillante como incontrolable ante una defensa desnuda y víctima de los errores que otras veces quedaron ocultos. Al gol de Klose continuó, de manera atropellada, el doblete de Kroos, contando con la generosidad de Khedira, quien escribió su nombre con el quinto, dentro de una jornada histórica para la 'Mannschaft' y los anales del balompié.

La 'canarinha' afrontó el segundo acto con una pizca mayor de orgullo, tratando de maquillar el resultado. Era el momento de lucimiento de Neuer, tapando y atajando los balones que llegaron a sus inmediaciones, amargando la fiesta preparada por el fútbol brasileño, a la altura de la protagonizada por Uruguay a través de Alcides Ghiggia, cuando en 1950 dio la puntilla a la 'Seleçao' en Maracaná.

Hoy, 64 años después, Joachim Löw ha tomado el relevo de los charrúas con un planteamiento férreo, una presión asfixiante y una ejecución despiadada, que tuvo un epílogo cruel con el sexto capítulo firmado por la cabalgada de Lahm y finiquitada por Schürrle, y la rúbrica final, del propio Schürrle, a pase de un desatado Müller, dentro del último baile en este sambódromo organizado por la Federación Alemana en Belo Horizonte que concedió la gracia a Oscar de quitar el cero a una noche redonda de los teutones.


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