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UEFA Liga de Campeones

  • 19 de mayo de 2012
  • • 20:45
  • • Allianz-Arena, München
  • Árbitro: Pedro Proença
  • • Espectadores: 62500
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Chelsea ganó 4 - 3 por penalties

Bayern de Múnich 1-1 (4-3) Chelsea: Didier Drogba y un gran Peter Cech dan el título a los Blues

Tras una batalla de 120 minutos en el Allianz, los Blues ganaron por 4-3 en la tanda de penaltis, con Cech como factor decisivo. El Bayern perdió la Champions en su propia casa


Cuánta expectativa creada, cuánto morbo por ver cómo haría el Chelsea para ganar su primera Champions, o el Bayern para abrazar su quinto entorchado, y ganarlo nada menos que en su propia casa... Estaba todo preparado en el Allianz Arena para vivir una fiesta grande de fútbol, un duelo estelar entre potencias de calidad equivalente. Salieron resplandecientes los veintidos protagonistas en su uniforme de adidas. Prometían la gloria, pero lo que se vio, en cambio, fue la amargura de un choque unidireccional. Un solo de los bávaros, buscando durante toda la noche cómo abrir el melón de un equipo, el Chelsea, que sólo se dedicó a defender.

No sorprende el planteamiento, en cualquier caso, recordando cómo se lo gastaron los Blues para eliminar al Barça. Pero allí, los culés no les habían dejado prácticamente otra alternativa. Ahora, en cambio, al Bayern sí que le podía hacer daño desde la posesión -en caso de querer tenerla-, y mucho más sabiendo de las bajas de dos titulares indiscutidos en defensa: Badstuber y Alaba.

Sin embargo, desde el minuto uno quedó muy en claro a qué venía el Chelsea. Cedió balón y terreno el equipo inglés, dejando a Drogba casi como triple pivote navegando más por la zona de medios que acechando a Neuer. Atacantes como Mata y Kalou también se sumaron al Operativo Resistencia. Y entonces, todo pasaba a depender exclusivamente del criterio que tuviera el Bayern para atacar.

¿Qué decidió Jupp Heynckes? Pues lo de siempre. No iba a cambiar el libreto justo para la final, y además, ¿para qué hacerlo viendo lo bien que se comportó hasta aquí su equipo? El dibujo, pues, fue un 4-2-3-1, con Robben y Ribéry para romper desde las bandas, Tommy Müller como eje del ataque más hacia el centro, por delante de Kroos, y Mario Gomez como faro en punta. La forma en que debía atacar el equipo alemán estaba muy clara.

Y por mucho que lo supiera el Chelsea, y por mucho que lo trabajara Di Matteo para poder frenarlo, sólo la falta de acierto en el primer tiempo evitó lo que se olía casi desde el comienzo: el gol bávaro. Lo intentó Kroos, pero remató apenas afuera (m.5), y luego Robben tuvo dos ocasiones clarísimas, primero disparando alto tras una contra que le armó Ribéry (m.8) y luego, con paradón de Petr Cech ante un tiro raso del holandés (m.21).

El Chelsea no es que no tenía ocasiones. Es que ni siquiera olía el balón. Sus posesiones se diluían en instantes, Juan Mata sufría al no tener un solo interlocutor válido con quien tocar, y Lampard y Kalou estaban más preocupados por perseguir sombras rojas que por buscar a Drogba. Aún así, daba la sensación de que los Blues no se desesperaban. Que tenían el partido justo en donde querían, en la medida que el marcador no se modificara.

Trató de cambiarlo el Bayern, buscando con un remate apenas desviado de Ribéry (m.34) y luego con un gran centro de Diego Contento que Müller cazó de forma impecfecta con su volea (m.36). Recién al minuto 37 sacó el Chelsea la cabeza de la madriguera y obligó a intervenir a Manuel Neuer, cuando éste atrapó un disparo de Kalou tras un gran ataque en abanico de los visitantes, con Mata y Drogba como autores intelectuales de la acción. Pero fue sólo eso. Un espejismo. El Chelsea no contemplaba soltar gente en ataque. Al menos, no hasta que el Bayern se cansase de buscar en vano.

Y nada cambió tras el descanso. Al menos no en el aspecto táctico. Seguía buscando el Bayern, con un Müller cada vez más claro, aunque tanto Robben como Mario Gomez (que había fallado una clara al minuto 42) se fueron apagando con el paso de los minutos. Justo lo que necesitaba el Chelsea para reforzar su planteamiento de trinchera.

De pronto, apareció Drogba y casi sorprende a Neuer con una volea impresionante que se marchó fuera por poco (m.50). Y de pronto, con el Bayern evidenciando algunas muestras de fatiga y sin que reaccionara a tiempo Heynckes con los cambios, el partido entró en la nevera, convirtiéndose en una de las peores finales que se recuerden de la Champions. No pasaba casi nada. Ni la gente se entusiasmaba, y eso que el Bayern estaba buscando la Orejona a estadio lleno ante su propia afición.

El sopor y el tedio lo comenzó a destrabar una acción casi sacada de contexto. Cuando faltaban sólo siete minutos para el final, Contento se marchó de todos en su banda y su centro, largo al segundo palo, encontró al menos pensado para el Chelsea: a Tommy Müller. El canterano bávaro dijo que sí con la cabeza, cantó Cech, de forma incomprensible, y el balón le entró de bote al césped, casi delante de sus narices, tras acariciar el larguero (1-0).

"Ya está, final ganada", pensaron todos en el Allianz. Todos... menos Drogba. El que nunca se rinde, ni en las peores condiciones. No necesitó más que un córner (bien sacado por Mata, eso sí), para prolongar el suspense y llevar la finalísima a la prórroga. El cabezazo del Perro, yendo al palo corto tras ganar a Boateng, fue sencillamente extraordinario. Aunque también es cierto que Neuer pudo haber hecho algo más para evitar el 1-1, que subió al marcador (m.88).



Hubo que jugar entonces una prórroga. Contra todo pronóstico, viendo cómo se había desarrollado el partido, y más después de ver cómo el Bayern había logrado romper la barrera azul después de tanto esfuerzo. Pero allí estaba el Chelsea, resistiendo, y con el ingreso de Fernando Torres en punta -le metió Di Matteo tras el 1-0 de Müller- para amenazar a Neuer, aunque sea por el riesgo que implica ver moverse al Niño en las inmediaciones del área alemana.

Pero el que seguía buscando el gol era el Bayern. En una aproximación de Ribéry al área, que parecía no traer consecuencias, Drogba cometió un absurdo penalti tratando de ayudar en defensa, como bien ha sabido hacerlo en tantas otras ocasiones.

La infracción fue clara, y Robben frente a Cech era el duelo. Lo ganó el meta checo, arrojándose hacia su izquierda para parar el remate del astro holandés, una vez más fallón en una instancia decisiva, como en la final del Mundial de Sudáfrica 2010 ante Iker Casillas.

Ni eso despertó al Chelsea, que seguía mirando de reojo el reloj, esperando los penaltis, soñando con que el Bayern bajara de una buena vez por todas la guardia. Pero eso no ocurrió.

Con el corazón de Schweinsteiger, el aplomo de Kroos y los 174 pulmones que parece tener el capitán Phillip Lahm, el once de Heynckes seguía buscando la gloria, aún sin tener ya casi más fuerzas.

Casi logra el 2-1 Ivica Olic, el único punta que Heynckes tenía en la recámara (m.108). Y si no remataban los bávaros, eran los propios Blues los que amenazaban a Cech, por defender cada vez más cerca de su portería, con el riesgo inminente de provocar incluso un gol en propia puerta.

Pero pasó el temblor para ellos. Exhaustos los dos equipos, se llegó al final de los 120 minutos y a la antesala del drama: la tanda de penaltis. ¿tendría ventaja el Chelsea tras el error de Robben y el paradón de Cech en el tiempo regular? ¿O sería el momento del inmenso Neuer?

La tanda comenzó de fábula para el Bayern, por el acierto de su capitán (Lahm) y el fallo del español Mata, que lanzó mal y le paró Neuer; luego llegaron cuatro aciertos consecutivos (los de Mario Gomez, David Luiz, Neuer como lanzador y Lampard), hasta que Ivica Olic falló en un momento crucial lo que pudo haber sido el 4-2. Esa parada de Cech, volando hacia su izquierda, dio alas a un Chelsea que a partir de allí se hizo el dueño anímico de la definción desde los once metros.

Ashley Cole puso el 3-3, y cuando Schweinsteiger falló de forma clamorosa el quinto disparo del Bayern (lanzó al palo, después de que llegase a rozar Cech el balón), el último remate, el consagratorio, le quedó a la persona predestinada de esta Chapions. Drogba fue a por la revancha, tras haber cometido aquel penalti a Robben. Y el costamarfileño batió a Neuer para dar la primera Orejona al Chelsea. Tenía que ser justo él quien cerrara esta página inolvidable en la Copa de Europa. La historia le debía esta gran alegría al club de Stanford Bridge.

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