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Primera División

  • 27 de abril de 2013
  • • 20:00
  • • Estadio Vicente Calderón, Madrid
  • Árbitro: Miguel Pérez Lasa
  • • Espectadores: 53000
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Atlético 1–2 Real Madrid: Di María saca petróleo de la maldición rojiblanca

Derbi de mucho más contacto que fútbol. Falcao adelantó a los colchoneros a los tres minutos de juego. Pero Juanfran en propia puerta y luego Di María remontarían

La maldición rojiblanca en los derbis no tiene límites. Venía anímicamente mejor tras la debacle blanca en Champions, con su once de gala ante un Real Madrid de circunstancias, y Falcao llegó a marcar a los tres minutos. Sin embargo, aun con todo a favor, el Atlético no pudo embolsarse los tres puntos ante los merengues en un derbi con muy poco fútbol, afeado por constantes faltas. Juanfran en propia puerta, y Di María ya en la segunda puerta dieron la vuelta al marcador, favoreciendo a un Madrid que, casi sin buscarlo, encontró el consuelo al marrón en que le metió el Borussia Dortmund. La cita realmente importante en la Casa Blanca, a la que llegará habiendo recuperado la moral y con el subcampeonato en Liga BBVA casi asegurado.

Comenzó el derbi animoso. La grada del Vicente Calderón apenas había recogido el mosaico conmemorando sus 110 años de historia cuando Falcao ya estaba celebrando un gol. Rondaba el minuto tres cuando Diego López mal despejó una falta directa y Godín aprovechaba el rechace para asistir al colombiano, estratégicamente situado en boca de gol para meterle un zarpazo al Real Madrid. Si el central uruguayo era capaz de asistir a Falcao, y no a Benzema o Di María, como en anteriores derbis, es que esta vez la historia iba a ser de verdad diferente, pensarían lo atléticos. Sin embargo, sus fantasías duraron poco. Apenas nueve minutos. Que fue lo que tardó Juanfran en introducirse el balón en su propia portería al saque de una falta lateral. Un gol muy de ‘pupas’, con el Real Madrid sin haber pasado de su campo hasta el momento. Muy de derbi. La maldición rojiblanca salía a flote de nuevo de un plumazo.

Con dos goles en doce minutos, pintaba el derbi muy sabroso. Sin embargo, conforme pasaban los minutos, fue perdiendo todo ese color del inicio. En la misma proporción en la que ganaban terreno las patadas, el juego subterráneo, y los encontronazos. Hasta que los veintidós jugadores se olvidaron completamente del fútbol. Cierto es que el Real Madrid había formado con jugadores de los menos habituales, con un cuadrado en la columna vertebral (Albiol-Carvalho-Pepe-Khedira) que hubiera infartado al más purista del fútbol de toque. Pero lo realmente destacable era que, con su once de gala, el Atlético no fuera incapaz de imponerse a este Madrid de circunstancias. Digamos que pudieron ser los rescoldos del autogol de Juanfran, o los fantasmas de la maldición de los derbis, pero si bien era el cuadro local el que más pisaba el área contraria, sería incluso Benzema el que tuviera la ocasión más clara de gol. Un mano a mano que sacó de forma espectacular Courtois.

La segunda parte comenzó con un Atlético un poco más incisivo, eso sí. Desde la grada se cantaba al Cholo Simeone. Imaginarían lo que habría podido suceder en el vestuario al descanso. Gabi tendría en sus botas el segundo gol incluso, pero le fallaron los nervios cuando se vio solo al borde del área sin oposición. Pedirían también penalti desde las gradas de Essien sobre Falcao rondando la hora de partido. No lo parecía. Tampoco caló mucho entonces en las gradas la decisión de Pérez Lasa, confiados de que más pronto que tarde se decantaría la balanza de su lado a ese ritmo. Sin embargo, el que terminaría alcanzando el gol sería Di María casi en la jugada después. Y de la nada nuevamente. Un pase profundo un tiro cruzado, y el Real Madrid se metía medio derbi en el bolsillo casi sin buscarlo.

El gol dio alas a los blancos, que de pronto hincharon el pecho. José Mourinho dio entrada entonces a Xabi Alonso y Luka Modric -con Khedira de mediapunta- para buscar el control del partido, y lo cierto es que lo encontró para los minutos finales. Desde el gol hasta el final, el Atlético amagaba con ramalazos puntuales, pero inofensivos a la postre, más cargados de corazón que de cabeza. Un tiro de Filipe Luis al lateral de la portería blanca, y poco más. No fue brillante la imagen que dejó este Madrid en el Vicente Calderón, ni mucho menos, pero ganó con el escenario completamente en contra. Mientras, este Atlético no llegó ni al aprobado. La final de Copa será otra historia, pero hasta entonces, al aficionado rojiblanco le quedará el regusto de haber perdido una oportunidad ideal para acabar con su máximo rival. Otra más. Y van veinticinco.

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