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La seguridad en los estadios, es un tema de legislación que prevenga pleitos entre barras y policías. Nuestro columnista explica el caso con los ejemplos de Heysel y Hillsborough.

John Smith, tocayo de cualquiera, decidió vivir como piel roja. Podríamos pensar que Smith no tiene oficio ni beneficio porque se dedica a caminar junto a su equipo; lleva tatuado en el antebrazo izquierdo el “You’ll never walk alone”.

Pero Smith, trabaja desde hace veinticinco años en una de las editoriales más antiguas del Reino Unido. Lee una media de tres libros por semana y corrige cientos de borradores de economía, filosofía o literatura clásica.

Sus antecedentes no parecen salvajes, aunque los fines de semana se rasura el cráneo, abrocha la chamarra de mezclilla, levanta el cuello y se amarra una bufanda a su ronco pecho. Se viste de etiqueta para entrar en Anfield.

Durante años, ser aficionado del Liverpool estuvo al margen de la ley por asociación delictiva, hooliganismo y asesinato. Entre Heysel 1985 y Hillsborough 1989, los seguidores de Liverpool habían causado la muerte de 135 personas.

Smith, sobreviviente en ambas tragedias, prestó declaración como cientos de detenidos en las comisarías de Bruselas y Sheffield.

El antecedente causado por la violencia que originó una avalancha humana en Heysel donde mueren 39 personas  durante un Juventus - Liverpool, sirvió como prueba a la policía británica para sentenciar culpable a la afición de Liverpool por la avalancha humana provocada en Hillsborough donde mueren 96 personas durante un Nottingham Forest - Liverpool apenas cinco años después.

Pero Anfield, la voz más expresiva del fútbol, consiguió demostrar lo contrario. Aquella tragedia  –la de Hillsborough- fue causada según el Liverpool por excesiva represión política y policíaca sobre sus hinchas. Es decir, el hooliganismo se había convertido en una batalla entre policías y ladrones, no entre hinchas de equipos rivales.

Un panel independiente de investigadores dedicó veintitrés años de trabajo a analizar lo sucedido. Durante todo este tiempo se creyó que la afición del Liverpool, de terrible fama bien ganada, había causado la muerte de las 96 personas en Hillsborough.

La tragedia pudo evitarse, pero una combinación de sucesos, antecedentes, creencias, carencia de leyes y falta de preparación, llevó a la policía de Yorkshire a persuadir violentamente a los hinchas desencadenando una terrible batalla.

Tras las investigaciones, David Cameron, Primer Ministro Inglés, dio a conocer los resultados y frente a la Cámara de los Comunes, aceptó la responsabilidad de las autoridades a quienes el informe culpa de la tragedia: "Las familias que durante años creyeron que las autoridades ocultamos a los verdaderos culpables de la tragedia, tenían razón."  

Nadie hasta la llegada de Cameron había aceptado que la muerte de estas personas pudo ser consecuencia de la negligencia legislativa por evitar y erradicar la violencia en los estadios con todo el poder del Estado Británico.

Liverpool fue exonerado, "Justice and truth". John Smith, junto con varios hinchas del Liverpool, no volverá a ser acusado como autor intelectual de Hillsborough.

La historia inglesa entre otras cosas sirve para entender, que la seguridad en los estadios es un tema que los legisladores mexicanos tienen que encarar inmediatamente sin aprovecharse del fútbol como escenario político.

Reforma y clausura de estadios, desafiliaciones, juicio a criminales, cárcel y cuerpos policiacos especializados, sería apenas el principio. No se trata de estatutos internos, reglamentos deportivos, multas administrativas o simples protocolos de seguridad. Se trata de leyes, son las leyes las que protegen a las personas. Antes que esto se vuelva otro trágico enfrentamiento entre policías y ladrones.  

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