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Nuestro columnista critica la postura de los equipos que privilegian intereses personales antes que la de los aficionados, las personas que consumen y hacen viva el fútbol.

En semanas como la pasada, queda claro y se reafirma que en nuestro país lo menos importante del fútbol es el aficionado. No nada más se le ataca con precios desorbitantes para ingresar a un estadio, se le entrega un producto de pésima calidad cada fin de semana cuando se trata al balón como la peor de las miserias o no se le protege como se debería previo, durante y post un encuentro.

El fútbol es más que una pelota perseguida por 22 ingenuos y tres personajes disfrazados de luto. Es más que 90 minutos aguantando temperaturas extremas, soportando transmisiones perturbadoras en la comodidad de nuestro sofá-cama o bien, juegos que deberían de servir de terapia para el insomnio. El fútbol es corazón, pasión y vida. Un verdadero estilo que muchos de nosotros adoptamos para el discurrir de nuestros días.

Son peleas con la familia o la novia, neurosis por la desconcentración de un ajeno a nuestras dos horas del alma, es un juego de lo más simple convertido al peor de los enigmas. El fútbol es más que una tele, un estadio, un futbolista, entrenador o directivo.

Por lo mismo, la religión que es el balompié no debe ser violentada, ni por la maquinaria que arma el juego, llámese directivos, ni por la propia materia prima que son los jugadores o entrenadores.

Para que todo fluya de la manera más simple, hay que cuidar el corazón del aficionado. No atacarlo mediante decisiones soeces, declaraciones estúpidas o con el valemadrismo que el poderoso tiene.

En esta semana vimos casos como el de Johan Cruyff y los ‘naturalizados ‘en Chivas, o la declaración del holandés donde menciona que Guadalajara es un equipo sin prestigio. Pero también el ‘Caso Carrillo’ en Pumas, o las declaraciones aberrantes de Tomás Boy con el Atlas, sin dejar de lado lo dicho por Ricardo Henaine Jr. sobre el Puebla, así como los rumores de venta del equipo. Si bien es la temática frecuente en México, no deja ser deleznable que veamos estas actitudes, decisiones y declaraciones como algo normal.

En el caso de Carrillo y Pumas, fue incongruente desde un inicio poner a un hombre de raíces americanistas al frente de los universitarios. La filosofía Carrillo choca con la filosofía de la UNAM. La propia rivalidad enconada entre ambos equipos avisa que es incorrecto que uno pertenezca al otro, y que a pesar de todo, hacen. ¿Y el aficionado? ¿Y ese golpe al sentimiento del juego que tantos atacan como golpe de pecho, dónde está?

Más triste aún lo de Cruyff y Chivas. Las reglas y políticas están establecidas y han sido así por años. El nacionalismo de Chivas es una de las bazas de nuestro fútbol, es identidad de nuestro balompié, le vayamos o no al Guadalajara, y por mucha historia o tradición que tenga un hombre o nombre, llámese Maradona, Pelé, Messi o Cruyff, no debe cambiar.

Y sobre la declaración de que Chivas no tiene prestigio, los trapos sucios se lavan en casa y bien dicen, en boca cerrada no entran moscas, a pesar que haya mililitros de razón en la tinta que se ocupó. El problema de Cruyff es que en una semana se ‘mosqueo’ completamente la boca con declaraciones fuera de lugar y en el momento incorrecto, para posteriormente salir con la típica y adulante frase de ‘me malinterpretó la prensa’.

Está bien que a veces los medios tengamos parte de culpa, pero es claro que hay que quienes dicen esas frases, tienen que hacerse responsables por palabras que nadie malinterpreta y que por supuesto, lastiman al aficionado.

Sobre el Atlas, hay poco y nada que señalar. Un equipo abandonado, aventado al abismo y que posee un serio problema que va más allá de un entrenador patán, jugadores poco involucrados y directivos mediocres. Es de aplaudir a los seguidores que semana tras semana soportan el “espectáculo” que tristemente compran, y a un precio muy caro.

Y así, podríamos seguir y seguir.

La realidad es que el valiente vive hasta que el cobarde quiere. Y los aficionados de corazón se han ido curando de espanto. Hoy se exige más calidad, mayor seguridad, transmisiones dignas, materia prima de primera y mejor maquinaria. Se pide menos declaraciones absurdas y personajes aberrantes que van contra la filosofía y el cariño al fútbol.

El aficionado quiere que se cuide su pasión y que se les trate dignamente como lo que son, los personajes que compran este negocio para que subsista.

 

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Andrés Corona Zurita es el Editor Adjunto de Goal.com México. Laboró en Mediotiempo.com como Productor Multimedia. Actualmente crea contenido especial para Goal.com México y escribe una columna semanal.