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México estará en el Mundial, asegura nuestro columnista. Ese simple hecho tiene a los medios sin poder atacar el proceso de Chepo de la Torre.

Las arenas no tienen por qué ser movedizas. Si un derecho se ha ganado la era José Manuel de la Torre, es el de evitar que el medio dinamite su gestión a través de teorías oscuras y falsas sirenas encendidas. México estará en el Mundial. Partiendo de esa premisa, el cómo es importante, pero no midiéndolo a través de los goles que se le puedan marcar a uno u otro rival, sino a través del elemental triángulo de las derrotas, los empates y las victorias. Es obligación clasificar sin más sustos que los naturales, mas no exigir la vuelta a los tiempos en que Zague se cansaba de anotar goles ante rivales caribeños.

La realidad de las representaciones nacionales ha cambiado. Este México acude al Hexagonal con una categoría bien ganada. Aunque en su momento La Volpe mencionara que los éxitos en Sub-17 podían no representar más que un avance anecdótico, la gesta de aquellos niños que se impusieron a Brasil, la de los jóvenes que replicaron lo hecho años más tarde sobre la cancha del Azteca y la de los intrépidos que convirtieron el sueño dorado de la verdeamarelha en pesadilla londinense transformaron para siempre los alcances del tricolor. La Selección Mexicana es, bajo cualquier óptica y sin acondicionamiento que valga, la máxima potencia de la región.

Al entender que México estará en la máxima justa balompédica del orbe, la verdadera interrogante se dirige a medios de comunicación y aficionados. ¿Hemos evolucionado lo suficiente como para entender que estos partidos son el equivalente al canto de las sirenas? Detrás de ellos se encuentra el riesgo de hallar dudas donde no hay más que certezas. Al Tri, para bien o para mal, habrá que juzgarlo en la Confederaciones e incluso en la Copa Oro, torneos de una sola sede en los que los rivales no tienen más recursos que los estrictamente deportivos para buscar imponerse.

No se trata de ser porrista, pero tampoco de encallar en el futbol la tendencia muy nuestra de fomentar teorías de arena que ensucian los logros. Al evaluar lo que a partir de este miércoles haga la escuadra nacional en la eliminatoria mundialista deberemos ser cuidadosos y recordar que para la Confederaciones y, por encima de todo, para el Mundial, imponerse por diez goles o por uno a Jamaica no representa diferencia alguna. Más vale cumplir a cabalidad en los compromisos de etiqueta que ser el rey en las trifulcas de barrio.

Actuemos con serenidad. Sería un derroche meter ruido a la gestión más congruente de la que se tenga memoria. Que el máximo capricho de un seleccionador sea tener como tercer arquero a uno de sus hombres de confianza es el reflejo más puro de un estratega dispuesto a actuar bajo la razón y el trabajo analítico más que a través de las buenas vibras de las corbatas o de los amiguísimos. Ante un proyecto como éste, pensado y estructurado, más vale aguardar al juicio final que desgastar argumentos en compromisos incómodos y que impiden el lucimiento. Dejemos que el trámite burocrático discurra sin turbulencia, ya después vendrá la hora de la verdad.

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Mauricio Cabrera es Director General de La Ciudad Deportiva, ex Editor General de mediotiempo.com y ex Editorial Manager de Yahoo! México. Escribe una columna semanal para Goal.com


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