thumbnail Hola,

Las cosas no marchan bien en Pachuca, y la idea de que Hugo Sánchez pueda revivir viejas glorias se esfuma de una forma bastante pública.

Los argumentos se agotan para defenderlo. Hugo Sánchez no puede seguir viviendo del beneficio de la duda. Los elementos para considerarlo como un estratega que al menos promete se derriban como hojas empujadas por el viento. Su filosofía no se conoce, ya sea porque ni siquiera la tiene o porque sus atributos de comunicación no han sido suficientes para que sus futbolistas jueguen a lo que él pretende.
Pachuca debe estar alarmado. La paciencia es una solución posible a los problemas de la cancha, mas no a las carencias de su técnico en la administración de los egos y talentos de sus dirigidos. Hugo Sánchez ha fallado en lo uno y en lo otro. Su equipo no camina ni dentro ni fuera del rectángulo verde. Cuando debe ser autocrítico, juzga a otros. Cuando debe reconocer fracasos, denuncia la adversidad de ir de visitante al campo de un equipo del Ascenso. Ignora, o pretende hacerlo, que así son los Torneos de Copa y que la obligación del de Primera División es mostrar por qué está en una categoría superior. Su escudo para abatir críticas llega a tanto que traiciona su legado en vez de reproducir la mentalidad ganadora que siempre lo acompañó cuando vestía en calzoncillos.
Hugo vive anclado en su personaje. Se niega a ponerse el saco y la corbata para escribir una nueva historia. En su paradigma hay enemigos y adorados. No caben las medias tintas ni el análisis. Por eso cuando Nery Castillo necesitaba una lección en vez de un apapacho, su estratega salió a abrazarlo como padre consentidor que solapa un berrinche. Y no sólo eso. Faltaba la estocada que consumara el mal manejo de grupo. Atacó a uno de los suyos para defender a otro. Proclamó la diferencia de clases sociales en su propio equipo. Rara vez un técnico que apuesta por el popular divide y vencerás puertas adentro acaba con los brazos en alto.
Si la desconfianza en torno a las dimensiones de Hugo Sánchez como técnico era de por sí mayoritaria, amenaza con transformarse en unanimidad. La estela de los dos títulos obtenidos con Pumas se va difuminando hasta desaparecer. En Ciudad Universitaria de poco importaban las voces que apuntaban a Carrillo como verdadero técnico. A Hugo se le veía como héroe por mérito propio o por el acierto de haber sabido llevar al asesor necesario para ganar. Esta vez se encuentra solo. Sin auxiliares de lujo y con un equipo que empieza a pagar el alto costo de haber privilegiado los nombres por encima de los proyectos. Es el efecto bumerán que amenaza con rebanar la cabellera del que manda desde la línea de cal.
Sus goles enciclopédicos permiten que siempre que llega a un nuevo lugar se le rinda pleitesía. El problema para Hugo es que esas puertas que se le abren con todos los honores incluso antes de llamar a ellas amenazan con cerrársele sin siquiera dejarle el confeti de aquella noche en que pisó el Hidalgo como si de una estrella de rock se tratara. Lo suyo no tendría que radicar en ser bien recibido, si no en salir en hombros y por decisión propia. 
Ya poco tiene que ver la enfermiza animadversión a la que los ídolos se enfrentan en el México de las envidias y los dobles discursos. Si se pone en tela de juicio el trabajo de Hugo Sánchez, es porque su equipo no camina, porque consiente al pendenciero, castiga a la más preciada joya del club y porque ni siquiera pudo convencer a Raúl Tamudo de rendir en el futbol mexicano. Hugo está dirigiendo con el marcador en contra. Esta vez se ve difícil que lo revierta…

Sigue a MAURICIO CABRERA en

Relacionados