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Aproximadamente ocho meses después de su arribo a Guadalajara, el holandés sigue sin justificar sus acciones, analiza nuestro columnista. El 2-1 a Tigres no varía la situación.

Jorge Vergara y la paciencia no son sinónimos en Chivas. Por mucho tiempo se ha vuelto más proclive a entrelazarlos más bien a manera de antónimos. A imagen de presidente de una empresa o marca (Omnilife), llámese también equipo de balompié, siempre pide dividendos en la inmediatez a sus empleados, en este caso jugadores, entrenadores, cuerpo técnico y directivos. Quien no rinde lo esperado es recortado a las primeras de cambio. Todos menos, aparentemente, Johan Cruyff (o Cruijff, como le apetezca).

El... ¿"asesor"?, ¿"cabeza del proyecto deportivo"?, ¿"mánager"? Nadie sabe. Ni dentro de la compañía, tampoco fuera de ella. Probablemente ni él. Es una especie de ente nebuloso-omnipresente: indiscutiblemente se sabe que existe, pero pocos son los que han dialogado con su persona o siquiera visto en las instalaciones. Nadie en el organigrama atina dónde ubicarlo. ¿Debajo, a la par o encima del mandamás? Respecto a sus funciones tangibles y/o las que delega en Todd Beane y el resto de sus allegados, sucede algo similar.

Lo que sí es del dominio público es que detenta poder a control remoto. Y de sobra. Pese a estar a miles de kilómetros de longitud, desde otro continente corrió al extécnico Ignacio Ambriz; cambió el pasto sintético por uno de césped natural, indistintamente de que el propio Vergara defendió hasta el cansancio su implementación; recientemente, en tiempos de reformas laborales en México, avaló el despido de Julio Nava y Michel Vázquez. La directriz se le atribuye directamente al técnico John van't Schip, aunque la última palabra recaía sobre uno de los mayores exponentes de su dogmático "Fútbol Total".

Van't Schip, por cierto, además de su compatriota, es el hombre al que Cruyff depositó su confianza para ejecutar en la cancha los principios de su sistema. Le entregó a la escuadra más laureada del país a un hombre que, al margen de lo que realizó en su carrera como futbolista, lo 'respaldaban' pasos por Twente, las juveniles de Ajax, el seleccionado holandés junto a Marco van Basten y Melbourne Heart, de Australia. Van't Schip, al mismo que denominó a su elenco "uno de los grandes de Sudamérica", que se autopostula para enseñarle a tirar los penales a sus pupilos o pide chamanes para exorcizar al "Rebaño Sagrado" de sus males.

Por menos que lo anterior, el Vergara de antes le dio las gracias a, por ejemplo, Daniel Guzmán, José Manuel de la Torre, Efraín Flores, Ramón Morales, José Luis Real, Rafael Lebrija, entre otros. Ahora no. Su discurso y su grado de tolerancia aumentaron sin indicio previo. Cruyff habló de tres años, el magnate asintió. El problema radica en que, en México, no suelen fomentarse los procesos. Este deporte no es la excepción dentro del contexto social. El formato de los torneos cortos exigen resultados paralelamente prontos y positivos.

Acá, salvo contados casos como el de Raúl Arias en Necaxa, no existen los Sir Alex Ferguson (Manchester United), Arsene Wenger (Arsenal), Guy Roux (Auxerre), Miguel Muñoz (Real Madrid) o Thomas Schaaf (Werder Bremen). Se carece, pues, de lo que requiere Cruyff, un sujeto formado mediante una cosmovisión europea que confirma la hipótesis de un choque cultural en cuanto a ideologías.

Con el fantasma del descenso al acecho de cara a la temporada 2013-2014, si los "Rojiblancos" juegan 4-3-3 o despliegan el pressing football de Jack Reynolds y Rinus Michels, pasa a segundo término. Varios se preguntan: ¿Dónde está Vergara cuando más lo necesita la afición? O ya de plano Angélica Fuentes, quien ocasiones se quitó la falda y se puso los pantalones vía la toma de decisiones en el club de Verde Valle.

Sea su labor en la selección de Cataluña, el impulso de su independencia a través de la Federación de esa región, sus nexos con el Barcelona, la promoción de su Instituto a nivel global... pero, meramente por respeto a su trabajo y a quien le paga, el subcampeón del mundo en 1974 debe abandonar la Ciudad Condal para empaparse de la realidad de Chivas. Y esa se vive a diario, en el lugar de los hechos, no en la comodidad a distancia. Si no lo hace él, entonces espérese de Vergara previo a que sea muy tarde.

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