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Xolos no sólo significa un éxito para su directiva, sino para una ciudad que lo recibió con brazos abiertos a pesar de los comentarios que surgían en otros rincones.

El romance y la seducción que Tijuana opera sobre quien la visita y la estudia está generalmente ligado a su historia. El glamour y brillo que tenía la ciudad en su época dorada hace casi 100 años, cuando atraía a las primeras estrellas de Hollywood a la ciudad gracias al juego y la bebida cuando este era ilegal en los Estados Unidos, perdura en el orgullo de los locales.

La reputación maligna obtenida después al convertirse en estereotipo del exceso y como punto de batalla para el crimen organizado, es irónicamente resumido por el cantante franco-español Manu Chao, quien bautizó elocuentemente a la ciudad como la tierra de "tequila, sexo y marihuana".

Hoy, Tijuana es también la tierra del superlíder mexicano, un equipo que ha desafiado una y otra vez los pronósticos para plantarse como uno de los cuadros más sólidos que ha visto esta liga en varios torneos. Mientras se hablaba más de casas de apuestas, identidades reales de dueños y procedencia de dinero, un arranque desastroso (y caro) con Joaquín del Olmo y Dayro Moreno como técnico y fichaje estrella, respectivamente, no alentaba de inicio.

Cuando la situación del técnico fue insostenible, flotaban los nombres de hombres probados en el fútbol mexicano. Lapuente. Carrillo. Romano. No, a final de cuentas sería Antonio Mohamed, que a pesar de un buen currículum en su país natal había sido bastante mediocre en una primera etapa como técnico en México. El peligro, se decía por ahí, era latente para que Tijuana dejara la primera división.

Al terminar ese primer torneo, Tijuana batallaba en el porcentaje, y peor aún, tenía a Moreno pidiendo la salida luego de un feo divorcio con la afición local. Así bajan los equipos a segunda, murmuraban en el sur. No hubo refuerzo rimbombante para suplirlo, pero sí, mucho trabajo de Mohamed. El equipo se volvió imbatible en casa, con una defensa férrea y un ataque solvente. Hubo liguilla, hubo salvación.

Este verano, se pensaba en grande. Pero la actividad de la directiva no parecía relacionarse a las expectativas de la afición. Saldría Egidio Arévalo, piedra angular del aparato defensivo. José Sand, el goleador histórico del club en primera. Llegaban promesas, como el joven ecuatoriano Fidel Martínez, y experimentos, como Christian Pellerano, viejo conocido de Mohamed, para suplir las bajas. El segundo año es donde tropiezan muchos, decían algunos, señalando a las víctimas del pasado.

Fuera de Tijuana, nadie veía a Xolos como un equipo que pudiera aspirar a mucho. En el seno del club, una y otra vez se repetía el mensaje de la permanencia. Pero esa mística de Mohamed y la actitud de un equipo que de verdad se unía bajo un emblema, ese de la ciudad y de la identificación con la afición, significó un renacer.

Tras muchos años de incertidumbre, de perder no sólo en la arena deportiva sino en la corte de la opinión pública, Xolos le da para sonreír a su gente, le da de donde identificarse. El equipo, entre naturalizados, jugadores de doble ciudadanía y extranjeros, tiene a 11 no nacidos en México en su plantel.

Fuera de las urbes grandes del país, Tijuana es incuestionablemente la ciudad más cosmopolita, más acogedora de ciudadanos de otros países. Naturalmente, los hijos de papás mexicanos nacidos en San Diego, Chula Vista, Coronado o hasta Los Angeles se pueden identificar con jugadores que ondean dos banderas, como Edgar Castillo, Joe Corona, Greg Garza, Leandro Augusto y Alfredo Moreno.

O con esos refuerzos extranjeros sobre la cancha provenientes de países que la ciudad ya alberga como refugiados de los cuales ya caminan en las calles de la ciudad; como Duvier Riascos, Pellerano, Javier Gandolfi, Martínez, Diego Olsina y Pablo Aguilar.

A cinco fechas del final del torneo, Tijuana es superlíder, y mejor aún, ya no es ignorado por la prensa nacional como contendiente. Ese rinconcito en el noroeste, esa curiosidad geográfica que muchos tachaban como un experimento, una anécdota en primera digna de ser comparada a Culiacán, Ciudad Juárez o La Piedad, se está plantando fuerte para quedarse en primera y ser protagonista.

Ese estilo espectacular que poseía Mohamed de jugador no reina en el cuadro rojinegro. Este es el equipo del 1-0 con el cuchillo entre los dientes, no el Toros Neza del '97 con once jugadores gambeteando con el cabello pintado rubio.

Es así como se define que la promesa de su fútbol no es la realidad. Tal y como la promesa de tequila, sexo y marihuana no corresponde a la real Tijuana. El equipo es un microcosmo de su gente: trabajador, humilde y siempre esperanzado en lo que viene. Ya no aturde en los oídos ni quema en los ojos aquellos reportajes pseudo-periodísticos contrastando un lugar aparentemente miserable con un equipo que lo tiene todo representando a un pueblo que no tiene nada. Ya se habla de Libertadores. Ya se habla de campeonato.

Ya se habla de Tijuana como tierra futbolera.

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Eric Gómez es el Editor en Jefe de Goal.com México. Su trabajo ha aparecido en Bleacher Report, Fox Sports y ESPN, entre otros. Escribe por lo menos una columna a la semana para Goal.com México y actualmente vive en la Ciudad de México.

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