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La carrera de Miguel Herrera está llena de pundonor y coraje. Como futbolista, era el complemento ideal para las "estrellas" de un equipo. Esto y más dice nuestro columnista.

Alinean Jorge Campos, Claudio Suárez, Ramírez Perales, Ignacio Ambriz, Miguel Herrera, Ramón Ramírez, Alberto García Aspe, Benjamín Galindo, David Patiño, Hugo Sánchez y Zague, de aquella selección del 93, considerada la mejor hasta la fecha, el único que se mantiene dentro del campo con relativo éxito es Miguel Herrera.

Un jugador que desmontó el bitoipo del futbolista moderno. Para ser futbolista profesional en los noventas no solo había que jugarlo, había que parecerlo y Herrera parecía todo menos jugador de futbol.

Su carrera fue una tesis del amateurismo dominguero, el torneo del los barrios; de cómo un lateral derecho sin condiciones logra llegar tan lejos: el auténtico “llanero solitario”.

La “cuasimódica” figura de Herrera destacaba aún mas porque surgió en medio de una generación que aportó frescura y elasticidad al futbol mexicano. Entre la selección de Menotti, los Pumas de Mejía Barón y el Atlante de Lavolpe, México había encontrado jugadores con gran clase pero sobre todo, con una enorme riqueza táctica y atlética.

Herrera al que le faltaba técnica pero le sobraba entrega, encajó perfectamente dentro de un exquisito grupo que le veía como un símbolo al esfuerzo. Todos querían tener un “Piojo” en su equipo, porque finalmente jugadores como Herrera siempre han existido, son necesarios para mantenerle los pies en el suelo a las figuras y con el tiempo se vuelven los altavoces del entrenador en la cancha.

Como técnico supo asimilar un estilo que heredó del Lavolpismo, pero poco a poco fue renunciando a la etapa del romanticismo en su carrera para convertirse al pragmatismo que domina a la mayoría de los equipos mexicanos, imprimiendo un sello mas intenso, mas banal, menos plástico y alegre.

Ninguno de sus equipos se sonrojan rompiendo la pelota o contragolpeando, si el balonazo es el único recurso posible lo vuelve un ataque sin pudor, así hizo campeón al América.

La fórmula de Herrera fue elegida para salvar a México, le han dado dos partidos, suficientes para montar un cuadro luchón, correoso y sobre todo comprometido con el entrenador, formar la base de un equipo.

Su primera lista al margen del rival (Finlandia), es una radiografía de la trayectoria de Herrera como futbolista y técnico. Jugadores alternativos, de bajo perfil, con humildad necesaria para ganarse un puesto.

A la selección volverá el buen ambiente, el grupo, la calma, el deber; detalles básicos que la tendrían clasificada en CONCACAF hace semanas. Pero el fútbol, lo que se necesita para destacar en un Mundial, no se si con Herrera volverá.