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Pasaron más de 15 años para que la Máquina ganara un título. De leche o no, el campeonato sirve a Cruz Azul para enfocarse más tranquilo a su primer objetivo.

Se acabaron a medias las frustraciones de Cruz Azul. Las burlas e ironías cesarán por un tiempo, corto, pero al fin se detendrán, para una afición dolida y desesperanzada. La Máquina pitó a lo lejos, le mostró a sus niños lo que se siente ver una corona de cerca, sostenerla con las dos manos y con la casaca celeste puesta. Sus viejos y ancianos seguidores podrán exhalar un suspiro final, ese que da alegrías y que quita los dolores que tanto se habían negado.

Cruz Azul lo hizo de nuevo. Fue un penal pateado por un ‘27’ el que entregó la sonrisa esperada hace más de 15 años, la que se congeló en los rostros con el venir de los años, opacada por las lágrimas de las derrotas y de las finales caídas. Es curioso cómo, nuevamente, una pena máxima le  dio a la Máquina una copa, de leche, de latón o de plástico, pero una copa al fin.

Solo un aficionado de cepa entendería las emociones que un cruzazulino tuvo en los penales ante Atlante. Eran siete finales consecutivas las que se habían perdido de todas las formas posibles. La Máquina de reinventaba desde dentro, y también, encontraba la forma para fracasar cuando era imposible tropezarse de nuevo.

Llegó el momento de comenzar de nuevo para Cruz Azul. Los miedos y demonios están de luto, la cruz hoy no es de muertos, no es negra ni pesada. Es celeste, calurosa y llena de vida y esperanza. Esa ‘copita’ como muchos la señalan, volvió a revivir a un cadáver viviente.

Hoy la nación celeste festeja. No hay quien le quite ese aliento y esa emoción, pero ojo, la Copa MX no es la meta final, ni el objetivo que borra las burlas de tajo o los años de frustración. La afición, plantilla, cuerpo técnico y directiva tienen una noche para celebrar, porque mañana comienza una nueva historia, la que lacera desde 1997 y la que en verdad impide poner una estrella más en el escudo.

Cruz Azul y su grandeza regresarán cuando se gane un campeonato de liga y se acerque o llegue al lugar que nunca debió abandonar, a pesar de las extremas decisiones equivocadas de uno u otro que lo han llevado a ser frustrado y a vivir una agonía frustrante.

Hay emociones que no cesan, y un título siempre podrá hacer que los aficionados salgan con la frente en alto. La timorata y triste afición celeste puede y debe cambiar, debe ser exigente y rigorista, dar y recibir, recibir y dar, apoyar más y llorar menos. Quejarse gritando y no salirse del campo cuando faltan cinco minutos para el final.

A reír de alegría y no de ironía, a llorar de felicidad y no de tristeza, a recordar la historia y no a vivir de ella. Felicidades Cruz Azul, hoy volviste a ser campeón, pero no te salgas de las vías que tu Máquina debe conducir nuevamente a la grandeza.

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