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Nuestro columnista señala que los medios de comunicación han creado un ambiente turbio alrededor de la selección mexicana en este Hexagonal.

La destrucción viene desde dentro. El futbol mexicano se ha acostumbrado a dinamitar su confianza a través de las pugnas internas. Cuando los dolores de cabeza escasean en el balompié nacional, los medios de comunicación se encargan de prender fuego a la menor provocación para así incrementar la atención de los aficionados e incitar que estos caigan como abejas en el panal ante partidos que de una u otra manera tendrán como desenlace el boleto a la Copa del Mundo.

No es que se deba estar relajado para el partido ante Honduras, pero tampoco es como para encender la alarma y vaticinar lo peor a partir de las muchas interrogantes sembradas ante Jamaica. En la eliminatoria, aunque suene a ese conformismo crónico del Tuca con Tigres en competencias internacionales, lo único que importa es avanzar a la máxima justa balompédica del orbe, ya sea con un futbol exquisito -imposible por cierto en los ruinosos campos de la Concacaf- o con los esquemas primitivos de las gónadas y la entrega.

Las condiciones de la Concacaf empañan el juicio en torno a la Selección Mexicana. Por complicado que resulte, el medio futbolístico nacional tendría que comprender que las expectativas tricolores cuando el rival es uno de primer mundo y otro del quinto patio deben pasar por raseros distintos.

El Tri, en estos tiempos de prestigio y abolengo a partir de la intrépida juventud, es más capaz y brillante en sus exámenes profesionales que en aquellos que tendrían, según una comparación meramente basada en el nombre d ellos rivales, significarle un grado menor de dificultad. Preferible que sea así, que esté apto para grandes competencias más que para batallas de rancho que acaban con las rodillas raspadas y las piernas llenas de lodo.

La presión está. La realidad mexicana no es más, o no tendría que ser más, la del que tiene que llenar el estadio Azteca para rescatar la clasificación. Lo que no vale sino como una pérdida de tiempo y desgaste innecesario es que se empiece a fortalecer al rival temiendo lo peor. Si los hondureños de por sí viven anhelando ganarle a México, que desde acá aderecemos su confianza guerrillera es un absurdo de los muchos que se cometen.

A los medios de comunicación les vino bien el empate ante los chicos del reggae. Ese alto en el camino se convirtió en la excusa perfecta para hacer sonar las sirenas. Es tiempo de retomar las actitudes elementales para ganar a punta de valor, mas no de lacerarse pensando que a Brasil no iremos más que en este 2013.

La forma de clasificar es lo de menos. Si México es exhibido en la Confederaciones, habrá que recurrir a fuerzas divinas para evitar la catástrofe en Brasil, pero si brilla y sobrelleva la eliminatoria sin mucho lucimiento, bienvenidos sean estos dolores de cabeza. De momento más vale no hacer dramas. De eso ya hemos tenido demasiado.

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Mauricio Cabrera es Director General de La Ciudad Deportiva, ex Editor General de mediotiempo.com y ex Editorial Manager de Yahoo! México. Escribe una columna semanal para Goal.com


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