thumbnail Hola,

Nuestro columnista nos habla sobre cómo el mexicano se olvidó de la importancia y de los triunfos en la Copa Libertadores, torneo que hoy ve con soberbia y no con humildad.

Complicado edificar durante tantos meses una construcción para que un simple soplido destruya todo. Lo que se siembra se cosecha, y no, no es nada personal contra León, es una historia que el fútbol mexicano se ganó justamente.

Fueron muchos años de pedir una oportunidad en la Copa Libertadores. El torneo de mayor prestigio del continente, ojo, que no se nos olvide eso. El más antiguo y donde se codea lo mejor del balompié sudamericano, la principal cantera de muchos de los mejores equipos de Europa.

Tras mucho papeleo, ruegos y unos cuantos millones de dólares en la mesa, se dio el primer gran paso para que la mina de oro mexicana llegara a Sudamérica y a la Copa Libertadores. Eso era un intercambio muy claro. México llevaba todo su potencial económico al Cono Sur, y a cambio, el balompié azteca se beneficiaba con la competencia que no existía en una de las zonas más pobres del balón.

Nadie nos regaló nada. Y nosotros, tampoco lo hicimos a la CONMEBOL. Así, Chivas y América dieron sus primeros pasos contra equipos venezolanos comenzando los éxitos.

Jugar la Copa Libertadores era un privilegio para los equipos, y sobre todo un gusto para los seguidores mexicanos. De repente, un partido copero era mucho mejor que un partido de liga. Se hacía hasta lo imposible por ver, o más que nada oír, un juego en Sudamérica. Solo había un canal que transmitía esos partidos y había que contratar un servicio de cable para poderlos disfrutar.

Así que para los simples mortales, sintonizar una estación AM era lo más provechoso. Ahí, desde la comodidad de nuestro sofá o desde la silla vieja de un amigo nos poníamos a imaginar la trascendencia internacional que México tenía.

Eran triunfos sonados. Era la confirmación de un fútbol emergente que sobresalía anestesiado por vivir en el norte y no en el sur. Dijera un falso poeta, "si el norte fuera el sur"… muchas cosas cambiarían para nuestro fútbol.

Victorias en Chile, en Perú, Bolivia o en Colombia sabían a gloria. Triunfos en Brasil o Argentina eran como un vaso de agua en el desierto. Las goleadas, los empates y las derrotas tenían un condimento especial para el mexicano.

Se rozó la Copa Libertadores en dos ocasiones. Cruz Azul rememoró su más grande historia llenando el Estadio Azteca con seguidores del equipo y simpatizantes rivales que portaban el logo mexicano en el corazón y no solo en el antebrazo derecho. Años más tarde las Chivas recobraban esa presencia aunque ya no con el mismo interés en las personas.

México pasaba de ser el invitado incómodo al invitado incomodísimo. No solo quitaba puntos, sino hacía quedar mal a los orgullosos sudamericanos que por más que hubieran querido y hayan intentado, ya no podían echar atrás el pase de entrada permanente para clubes aztecas.

Pero México jugó al sube y baja. Lo hizo sin sabor que el niño pesado se sentaría en cualquier momento del otro lado de la palanca. Le jugó al gracioso y al poderoso, se hizo el soberbio y olvidó la humildad. Se vio superior cuando nunca ganó nada. Olvidó ese intercambio silencioso que nadie aceptaba pero que era más que evidente.

Empezó a denigrar la grandeza. Justificarse y preferir el anteriormente apestado torneo local. Incluso, puso mayor interés a la risoria Concachampions. Le jugó a equipos de peso con canteranos, viajó sin sus figuras a campos complejos y se olvidó de ganar, se olvidó de competir.

Hoy quedan muy atrás los triunfos del Atlas de Ricardo La Volpe o del América de Cuauhtémoc Blanco. Los épicos triunfos del Cruz Azul en el Azteca o las burlas de Chivas en Argentina. Le dijeron adiós a todo eso, y saludaron con los cinco dedos a los Tigres del 'Tuca', al Toluca que nuncó supo incendiar su infierno, al León, a Estudiantes Tecos o a San Luis.

México ya no sabe calificar. ¿Juan Aurich? ¿Unión Española? ¿Deportes Iquique? Esos quiénes son... decían con soberbia en la previa de Libertadores algunos. ¿Alguien se acuerda de Tecos, Tigres, y hoy León?

México se olvidó de sus principios y de la importancia de una Copa tan infravalorada por los mexicanos. ¿Dónde quedó el sentarse bajo un radio a imaginar los partidos en la Libertadores? ¿Cuándo se nos olvidó?

Hoy León está fuera de Sudamérica. Regresando con la cabeza gacha y con el enésimo fracaso contemporáneo de México en el máximo torneo continental a nivel de clubes.

Nuestro pulgar de la suerte se levanta ante unos Diablos que en nuestra liga no asustan ni al más creyente. Todas las miradas están en el can que hace que nos ilusionemos con morder nuevamente a nuestras presas del sur del continente.

Es hora de levantarse del fracaso y ver hacia el frente. Nuestra historia no puede derrumbarse tan rápido cuando costó tanto construirla. No es ser patriotero, es ser creyente de nuestro fútbol, a veces hace falta mirar los fracasos para recordar que no somos invencibles. Ojalá pronto México vuelva a ser el de antes en Copa Libertadores, y no la caricatura en la que nos hemos convertido.

Sigue a GOAL.COM MEXICO en

----------------------------------

Andrés Corona Zurita es el Editor Adjunto de Goal.com México. Laboró en Mediotiempo.com como Productor Multimedia. Actualmente crea contenido especial para Goal.com México y escribe una columna semanal.

Relacionados