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Nuestro columnista habla de los XV años sin título del Cruz Azul. Los deberes y quejas de sus aficionados en este momento.

Muchos ya ni la recuerdan, algunos otros no lo vieron. Hay personas que no saben ni quién es Ángel David Comizzo o que simplemente no entienden lo que representa Carlos Hermosillo.

Han pasado 15 largos años, dolorosos y llenos de sinsabores. De derrotas penosas y antológicas, de triunfos maquillados de rabia y de jugadores que no entienden lo que vale una camiseta. De directivos timoratos, de entrenadores temerosos y de cracks disfrazados.

No hay fecha que no se cumpla, pero tampoco mal que dure 100 años. Solo los verdaderos aficionados cementeros saben la verdadera tristeza, pero a la vez amor que se puede sentir por una playera. Sí, porque la camiseta y los colores no se borran, ni con mil lavadas ni 15 años de arrastradas. El escudo es más que un Presidente, un entrenador, un jugador y un aficionado. Es más que un estadio o una vieja leyenda.

Las estrellas del pasado visten la grandeza. Hablan de la historia de un equipo que nació entre el pueblo y la gente trabajadora. Que cada día apunta y aprieta para sobrevivir. Hoy es cuando más valen esas personas que crearon esta leyenda que se incrementó con jugadores y técnicos que dieron un campeonato.

En 15 años los aficionados cementeros han vivido lo imposible. Se han acostumbrado a las burlas y a las derrotas. Mismas que no hacen más que recordar que todo lo que hace el ‘grande’ el pequeño lo toma como referencia. Sí, para bien o mal, nunca pasa desapercibido.

Dejando de lado lo que hacen los verdaderos responsables de esta situación, que no son los que están hasta abajo de la cadena alimenticia sino los que se encuentran en lo más alto de la pirámide, hay mentalidades que deben cambiarse, y que deben empezar por los aficionados.

Hacer a un lado esa parsimonia al caminar cuando se entra a un estadio. Ese sueño cuando se está en la grada y esa aburrida cara de melancolía cuando se pierde un partido. En el corazón del aficionado está el impulso que mantiene esta historia, que por muy triste que pueda ser, no debe olvidarse cuál es la verdadera batalla que se vive. Si el jugador cementero es pobre y flaco, la afición debe desmarcarse de ellos y quitarse esa imagen fría que lo envuelve.

Por lo demás, hay cosas que no están en las manos de cualquier mortal. Se sabe dónde está el verdadero problema de Cruz Azul y la solución la puede entender cualquiera. El poder envolvió a un personaje que quiere a la Máquina, pero que dentro de ese amar, también está el soltar cuando las cosas no funcionan.

La resistencia sigue y seguirá. La historia la escriben los valientes lejos de los cobardes. Hoy simplemente los aficionados cementeros no tienen de otra más que resistir desde su trinchera la cobardía de quienes no han hecho más que denigrar a una institución que por muchos años fue una de las más ejemplares del futbol nacional.

A los verdaderos culpables. Que brinden con champagne y sidra las penosas decisiones que han tomado y que con el paso del tiempo, aprendan a hacerse a un lado cuando no tienen la capacidad para dirigir un proyecto. Desde este asiento, un caluroso saludo a todos aquellos que lo han conseguido.

A los jugadores. Desearles eso, la “suerte” que piden y que dicen les ha faltado. Pedirles un cambio en el discurso. Más trabajo y  menos palabras y un poco de más respeto para los seguidores. Más amor propio y menos atole en las venas.

A los aficionados. Más apoyo y menos quejas. Más temperamento y crítica y menos alabanza para quien no lo merece.

A la camiseta. El cariño y el agradecimiento de los aficionados que la quieren y anhelan.

 

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Andrés Corona Zurita es el Editor Adjunto de Goal.com México. Laboró en Mediotiempo.com como Productor Multimedia. Actualmente crea contenido especial para Goal.com México y escribe una columna semanal.

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