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Nuestro columnista rememora aquella final entre Cruz Azul y León en 1997, encuentro en el que se marcó un parteaguas para ambos equipos.

¿Cuántas historias de decepción se han escrito tras aquel centenario minuto del 7 de diciembre de 1997? ¿Cuánta tinta de reproche y tristeza ha envuelto a León y Cruz Azul desde aquel penal que pateara Carlos Hermosillo luego de la artera agresión de Ángel David Comizzo?

El suspiro de silencio que se vivió tras el silbatazo de Arturo Brizio que marcaba el penal que decretaría el último título de Cruz Azul, se trasladó a 15 años de negación y tristeza. De oscuridad en las peores tinieblas para la Máquina y La Fiera.

A esmeraldas y celestes los ha seguido esa misma maldición. Para uno, el último momento de alegría, y para el otro, el inicio del declive que para su fortuna, terminó apenas hasta hace unos meses.

Cruz Azul ha visto como su grandeza se ha reducido a esperpénticos torneos, a finales perdidas, a danzas de jugadores y entrenadores de renombre y no renombre que no encontraron el objetivo de ser campeones, problemas porcentuales y hasta un eterno periodo sin poderle ganar al gran rival, el América. A ‘periodicazos’ de aficionados, a  problemas legales y al eterno señalamiento de ser un equipo sin corazón y vida.

El vals del Danubio Azul recorre tristemente la mente de los seguidores cementeros, que de no levantar por fin la corona, acumularán 15 años sin un campeonato.

Fue ahí, en el Camp Nou de León donde la historia comenzó.

El infierno hizo su primera escala en Pachuca, pasando por La Bombonera de Argentina en la Libertadores.

Tras poco más de un lustro de quema, donde se vivieron los tristes procesos de Mario Carrillo –con todo y rescisión de contrato de la mayoría del plantel-, Luis Fernando Tena y Enrique Meza, que llevaron a Cruz Azul a ser penúltimo de la tabla porcentual, llegó el respiro y calvario a la vez de Rubén Omar Romano en la Máquina con su penoso secuestro. Hasta eso se sufrió en La Noria.

Cuando parecía que todo se terminaba con la llegada del uruguayo Sergio Markarián, comenzó la historia del ‘Subcampeonísimo’. Finales caídas ante Santos, Toluca y Monterrey dentro de la liga mexicana, y también, juegos por el título que se perdieron frente a Atlante y Pachuca por la Liga de Campeones de la CONCACAF.

¿Karma? ¿Qué es lo que paga Cruz Azul, sus aficionados, jugadores y directivos? Es la pregunta que muchos se hacen y que no terminan de responderse? Y es que, si la leyenda de Comizzo en torno a Cruz Azul ha crecido, ha sido única y exclusivamente por culpa de la Máquina.

Del otro lado la historia ha sido similar, aunque comienza a olvidarse por la buena temporada de la Fiera. La vida del león no ha sido fácil. Ese rey de la selva vio como su poderío crecía y crecía hasta ubicarse como uno de los más feroces líderes de la manada.

Cinco estrellas en la historia quedaron ahí, en el pasado. Después, los Panzas Verdes han visto como otros equipos lo han superado por lo que ellos dejaron de hacer. Descensos, malas planeaciones, extrañas contrataciones y directivas conflictivas. Eso y más fue León en los últimos 25 años.

En Primera A o Liga de Ascenso tuvieron que soportar una decena trágica de fracaso tras fracaso. Perdieron finales ante Irapuato, Querétaro, Dorados, Indios y Necaxa para alargar una agonía que terminaría con el regreso a Primera División ante Correcaminos.

Hoy no hay espacio para más lamentaciones. Es matar o vivir en el señalamiento cansino de siempre. El destino los vuelve a unir a 15 años de aquel partido que terminó siendo el inicio de la pesadilla para ambos.

León volvió al sitio que pertenece, antes de lo pensado, y antes que Cruz Azul levante el título que también lo devuelva al podio donde históricamente vivió... hace ya mucho tiempo.

 

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Andrés Corona Zurita es el Editor Adjunto de Goal.com México. Laboró en Mediotiempo.com como Productor Multimedia. Actualmente crea contenido especial para Goal.com México y escribe una columna semanal.

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