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El defensor africano que llegó de Uganda a la Argentina y pasó por Austria, habló con Goal antes de debutar en la Major League Soccer de Estados Unidos.

Pasar de un equipo europeo a otro norteamericano, propiedad de la misma entidad, no debe ser muy traumático para un jugador con experiencia en selección nacional y 32 años de edad. Pero cambiar de continente, sin conocer a nadie en el nuevo país, ni siquiera el idioma, debe ser un verdadero reto para un jovencito africano de 20 años.

Así comenzó el viaje futbolístico de Ibrahim Sekagya, defensor ugandés: “Un representante me vio en Uganda, me llevó a Italia y allí conocí a Gustavo Mascardi, quien me llevó a Argentina. Arranqué en Los Andes, en segunda, pero no podía jugar por el tema de papeles. Tuver que regresar a mi país para resolver ese asunto y volví a Argentina a jugar en Ferro y luego Atlético Rafaela, le dijo en exclusiva a Goal el nuevo jugador de New York Red Bulls en la Major League Soccer, tras una de las prácticas, en espera de su debut y en un español con muletillas bien argentas.

En Argentina, a pesar de no haber jugar en ninguno de los denominados grandes, Sekagya hizo historia. Consiguió un título de Primera B Metropolitana (Ferrocarril Oeste); le marcó el gol 80 mil en la historia del fútbol argentino a River Plate (jugaba con Arsenal de Sarandí), y como si fuera poco tuvo un hijo con su esposa.

“Argentina es muy importante para mí, guardo muchas recuerdos. Fue la primera vez afuera de mi país, me fui con mucha ilusión. No puedo olvidar ese gol histórico, que fue muy importante en mi carrera, me marcó la vida, me hizo conocer todo el mundo”, explicó con los ojos brillantes.

Como cualquier futbolista que ha dejado su país, la travesía apunta a nuevos rumbos con cada temporada. Sekagya, tras permanecer seis años en Argentina, dejó la pasión, la sangre caliente y el reconocimiento del fútbol gaucho por Europa. Eran ya 10 años de carrera y el destino fue Austria.

Allí también hubo títulos (tres de la Bundesliga y uno de Copa) e hijos (2): "A mi Argentina me cambió la vida. Todos los jugadores querían ir a Europa y mi representante me consiguió esta oportunidad en Red Bulls de Austria, donde estaba Giovanni Trapattoni como entrenador. Me sentí muy bien con ese proyecto”.

Pasaron casi seis años, la muerte de su madre, la renuncia a la selección nacional de Uganda y ahora, recién llegado a Nueva York, mira para atrás pero con una meta pendiente para el final del camino: "Hace siete años que no voy a Argentina, pero eso está ahí en mi cabeza, volver allá. Ojalá a jugar al menos un año, pero tengo amigos allá y mi sueño es volver. Sueño con retirarme en Argentina. Pero ahora mi cabeza está acá, en la MLS, una liga que se está dando a conocer mucho, que va a ser muy importante. Tiene muy buenos jugadores internacionales”.

Su familia se le unirá en cuanto consiga una residencia permanente. Se trata de una familia globalizada. Él y su esposa son ugandeses, un hijo es argentino y dos son austríacos. Todos hablan inglés, francés, y un poco de español. Por supuesto con las raíces ugandesas tan a fondo como el interés que aún la federación de su país muestra para que regrese al equipo nacional: "Me siguen, me buscan para que vuelva, pero es muy difícil que vuelva, estoy concentrado en mi carrera para establecerme en Nueva York y que las cosas salgan bien. Cuando renuncié eran muchos años jugado, muchos viajes y ese año murió mi mamá y tenía muchas cosas en la cabeza”.

Ese es un capítulo cerrado, Sekagya parece tenerlo muy claro, como el hecho de que Argentina fue su mejor experiencia; su peor año fue el que murió su madre y el día más emocionante de toda su travesía fue cuando consiguió su segundo título en Austria, por la oportunidad de entrar a la UEFA Champions League.

El camino continúa. Por supuesto que no se trata del viaje glamoroso de las estrellas del fútbol mundial, pero teniendo historias, amigos, títulos e hijos en cada país que ha estado, Ibrahim Sekagya puede considerar que su etapa en la MLS comienza con la ventaja de la experiencia y el sueño de terminar donde todo comenzó, aquel lugar de donde además se llevó como muletilla un constante .. “opaaaa”.

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