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Durante el mercado de invierno llegó un compatriota más a las Grandes Islas. Jugador del Southport, videobloggero y exseleccionado en categorías inferiores: una historia de vida.

En México, 22 es una edad para que un futbolista debute... o se retire. Depende del punto de vista. A sus escasos años, Rodrigo Lara ha vivido ambas experiencias. Sus botines ya yacían sobre un cesto de basura cuando, de repente, la vida le tiró un sorpresivo cambio de juego, literalmente, que lo devolvió a su verdadero fervor: el balón.

Hoy en día, Inglaterra le ofrece la esperanza de cristalizar su sueño de la infancia. "Pelearé hasta donde pueda", advierte en entrevista con Goal.com México.

Javier Hernández no es el único mexicano que aparece en los libros de la Asociación de Fútbol de Inglaterra (FA, por sus siglas en inglés). También existe Rodrigo, un defensa mexicano quien de forma silenciosa, busca en el Southport Trinity la oportunidad de retomar una carrera que directivos, burócratas y compañía, truncaron y retorcieron desde la raíz.

Fundado en 1898, Southport pertenece a la Zona Norte de la Conferencia Nacional. En otros términos, la quinta división debajo de la Premier League y las tres divisiones de la Football League (Championship, League One y League Two). Su casa, el Estadio Comunitario Merseyrail, ha sido la cuna de grandes como, por ejemplo, Peter With, el principal artífice de la única Champions League que ostenta Aston Villa (la 1981-82).

Esta historia germinó su semilla en los pasillos del Instituto México Primaria, escuela que aún no se sabe si respecto a sus orígenes es más marista o futbolera. Acostumbrado a eregirse el "MVP" de las "cascaritas" y del representativo de su escuela, Pumas reclutó al preadolescente para su cubil: Cantera, en lugar de un filtro, uno de los embudos más selectivos del país a través de los cuales pulen a los diamantes del mañana.

Allí, mientras continuaba sus estudios en el Centro de Capacitación en Radio y Televisión Raúl del Campo, escaló todos los peldaños posibles del escarpado "Auriazul" al punto de convertirse en internacional Sub 15 y 17. En ese punto compartió vestuario con Carlos Peña, Édgar Pacheco (estos dos últimos en León), Ulises Dávila (Sabadell) y Erik Pimentel (Atlante), entre otros. "Con muchos de ellos mantengo relación y son mis amigos", confió.




Dichos cuadros citados eran en ese entonces dirigidos por Jesús Ramírez, quien años más tarde lograría lo que nadie: consagrar campeón del orbe a un seleccionado en una competencia avalada por FIFA y fuera de casa. A lado del "Tri" menor, Lara turisteaba y recolectaba trofeos por Japón, Argentina, Estados Unidos y Hong Kong.

Compañero y rival de algunos actuales jugadores universitarios en activo como Javier Cortés, David Cabrera, Carlos Orrantia, Diego de Buen, Antonio García, y otros, Lara pasó de un momento de otro a concentrar con primer equipo y servirles de sparring a Martín Bravo, Dante López, Francisco Palencia.

Ricardo Ferretti entrenaba a aquel conjunto que daría la vuelta olímpica durante el Clausura 2009 al vencer a Pachuca. "Sabía que me subían porque me observaban condiciones. Jugaba con intensidad porque quería mostrar mi sello: mucha pata, huevos, gritar, barrerme... Los entrenamentos eran para mí como Copas del Mundo. Pero al 'Tuca' (Ferretti) no le gustaba, me decía que no eran luchas. Me decía con 'Memo' Vázquez (su auxiliar) que debía ser más inteligente", reveló.

Sea el más experimentado o el novatísimo de la generación, un regaño del "Tuca" siempre afecta hasta al alma menos sensible. Lara lo resintió: "desesperaba, me frustraba". Entre que no lo dejaban ser, y lo subían y bajaban cual elevador entre primer equipo y segunda, lo sacaron aún más de quicio: "el mero día del encuentro metían a tipos de 24 años de Primera o Primera A (Ascenso MX) que ni ritmo traían, cuando yo era el que me chingaba toda la semana; terminaba en la banca".

Teniendo además a hombres como Darío Verón, Héctor Moreno y Marco 'Pikolín' Palacios por delante, ya no veía su carrera en Universidad. De tal forma, previa asesoría legal, buscó acomodarse en otro lado, procurando que fuese Cruz Azul, América o Chivas; sin embargo, las ofertas todavía no habían llegado a su escritorio: "La regué porque me fui sin tener nada seguro. Al ser mi registro de Segunda, no tenia contrato de profesional a pesar de que estuve nueve años allí".




Tuvo que resignarse a irse al Ascenso. Irapuato irrumpió como la tierra prometida. "Me gustó la ciudad, el estadio y el ambiente", recuerda. El sabor, a priori, se degustaba dulce como una fresa, la fruta por antonomasia de la región. Y más cuando el conductor táctico de la "Trinca", Américo Scatolaro, le comunicó que contaba con él pensando en la desaparecida y polémica regla 20/11. La citada norma obligaba a los clubes a cumplir con mil minutos de juego para menores de 20 años, 11 meses.

Jornada uno. Lara se perfilaba como titular en la alineación del Irapuato de Cuauhtémoc Blanco, Reinaldo Navia y "Parejita" López. Prácticamente amarraba las agujetas de sus tachones en el calentamiento al instante en el que un directivo se le acercó para susurrarle al oído: "no inicias, hay pedos con la Federación (Mexicana de Fútbol) y Pumas". O en otra palabras, a "la mano invisible" del mercado Región 4, el Pacto de Caballeros, presente en cualquier nivel del balompié azteca.

"Pero es que no eran dueños (de sus derechos federativos) porque no tenía ningún contrato firmado; ellos (Pumas) argumentaban que yo había significado una inversión por viajes, ropa, indumentaria: la formación de casi una década. Si yo me quería ir a otro equipo me tenían que correr, aunque no me querían dejar ir gratis.

"Puede que no haber tenido representante sí me haya afectado después de todo..."

Rodrigo Lara, zaguero de Southport Trinity

"Necesitaba mi carta de libertad. Hablamos a Pumas; no mandaron nada. Me vi obligado a ir al D.F. a Cantera, donde me torturaron. Pasé un día entero esperando a que Mario Trejo (otrora director deportivo) me la firmara", cuenta.

Transcurrieron seis fechas y no arribaba el documento. La directiva de la "Trinca" perdió la cabeza y lo 'congelaron' en tanto. A Scatolaro lo echaron por la crisis de resultados y se quedó su segundo en turno, Ignacio Rodríguez, quien ya no lo usó por precaución. El equipo logró repuntar y se metieron a liguilla, mas Rodrigo ya nunca volvió siquiera a concentrar.

"Me arrepiento de no haberme llevado tanto con el 'Cuau', es una gran persona. Si me hubiera llevado más con él, a lo mejor hubiera tenido otra oportunidad, le hubiese dicho que me echara la mano o recomendara. Un buen número de los jugadores están ahí porque son conocidos del entrenador, hay vinculos de relaciones, intereses de por medio, traen a cierto representante detrás...

Entiendes cómo se mueve la onda de los representantes; por qué llega cada jugador y otros no; por qué juegan los que tienen más experiencia y los que ganan más que tú: cuestiones extra cancha... puede que no haber tenido representante sí me haya afectado después de todo...".


Espera la segunda parte de la entrevista mañana mismo. En ésta, Rodrigo nos cuenta que lo orilló a retirarse inicialmente, su segunda pasión y cómo llegó a su nuevo club para reactivar su carrera.

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Rodrigo Lara además es fundador, conductor y productor de Rock and Gol TV. Disfruta también de sus contenidos a través de sus cuentas de Twitter y Facebook.

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