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Nuestro columnista, José Ramón Fernández, nos revela el motivo real por el cual Ryan Giggs fue nombrado técnico interino del Manchester United

Los campos ingleses con sus nombres de novela fantástica, Anfield, Stamford, Pride Park, Highbury… sugieren reinos, ogros, dragones. Quien logra el respeto de un estadio inglés, alcanza inmortalidad. Ryan Giggs cruzó los pantanos de Old Trafford hace mucho tiempo; un galés de escudo y mesa redonda.

La Carrera de Giggs,  One –Club-Man,  demuestra que la idea del corporativismo por abolir la figura de los jugadores franquicia es absurda. Giggs lleva 24 años siendo una estrofa en el himno del Club, es una bandera en la tribuna; su nombramiento como entrenador no es un homenaje de cuerpo presente ni la puesta en escena del  “Glory Glory Man United”, uno de los géneros más románticos del futbol. La nueva función de Giggs atiende a una delicada estrategia corporativa.

Frente a las crisis deportivas la importancia de un One-Men-Club adquiere mucho peso en clubes cotizados en bolsa como el United. Más susceptibles a cualquier movimiento de mercado que otros de menor influencia financiera, donde la historia es tasada por músculo, mera chatarra.

Y no pensemos en clubes pobres porque el Madrid y el Milán, por ejemplo, desestimaron la validez de Raúl y Maldini a nivel institucional. Así les fue. Su imagen perdió respeto y credibilidad al centrar todo el liderazgo en Florentino Pérez y Berlusconi, dos banqueros que jubilaron dos capitanes.

El United en cambio, pese a sus grandes acuerdos de patrocinio en 2014 -el último con Nike fue por 1000 millones de dólares-  ha sufrido constantes caídas en el valor de sus acciones desde que Ferguson se retiró. Ante el fracaso de Moyes, los accionistas exigían una decisión que ofreciera estabilidad, liderazgo. Ryan Giggs, la roca que ata el equipo a su pasado, será el nuevo entrenador protegiendo así, el futuro del Club.

El mensaje que el United lanzó esta mañana al mercado para levantar la cotización de sus acciones, es una lección de principios a la que Wall Street y el fútbol no están acostumbrados. Old Trafford donde vive Ryan Giggs, el último caballero que paso por ahí, puede estar tranquilo; sus habitantes, compañeros, rivales y directivos, lo respetan. Le creen, pero, sobretodo, le admiran. Un club sin un técnico o ex jugador admirable no va a ninguna parte.

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