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La importancia de las marcas en el mundo del fútbol podrían condicionar el traspaso del jugador portugués al equipo parisino, que también viste la empresa norteamericana

El fútbol ha dejado de ser sólo un juego desde hace unas décadas. El amor por un escudo o por una camiseta está en muchos casos condicionado por elementos ajenos a los terrenos de juego.

Desde que los hermanos Dassler convencieran a Jesse Owens para calzar sus zapatillas en los JJ.OO de Berlín, las marcas deportivas han escogido iconos mundiales para representarlos. Pero el negocio es el negocio y los hermanos Dassler rompieron su fábrica en dos mitades para crear dos gigantes del sector: Adidas y Puma, cuyos intereses chocarían desde entonces a la hora de contratar a los clientes. No en vano, la selección alemana pudo vestir Puma antes que Adidas, pero finalmente el acuerdo fue a parar a la empresa de las tres rayas en la década de los 50, un pacto casi perpetuo que ha sido tentado recientemente por el competidor estadounidense, Nike.

Precisamente, la marca norteamericana es la que ha reducido las ventas de ambas empresas germanas en el fútbol. Un destino empresarial que cambió el día que decidieron apostar por un desconocido jugador de baloncesto que acabó como mito del mundo de la canasta, el señor Michael Jordan.

Nike entró de puntillas en el fútbol, un terreno sin explorar donde han hecho honor al de la diosa victoriosa que da nombre a la compañía. Para los de Oregon debió resultar atractivo vestir al equipo de París, una ciudad con mucho glamour y nombre en los Estados Unidos, que en 1989  tomaba el relevo de Adidas e iniciaban una incesante campaña que terminaba con el principal objetivo: vestir a la selección brasileña y propocionar botas a sus estrellas. Un hermoso trampolín amarillo que permitía a Nike hacerse con la exclusividad de varios de los equipos más rentables en cuanto a marketing (Barcelona, Boca Juniors, Celtic y Manchester United).

Actualmente, muchas de las decisiones en el fútbol están supeditadas a compromisos publicitarios llegados desde los despachos. El Real Madrid y José Antonio Camacho vivieron un extraño capítulo cuando en 2004 una llamada "recomendaba" al técnico de Cieza sacar a uno de los suplentes en un encuentro ante el Espanyol, David Beckham ingresaba aquel día en el terreno de juego por orden de Adidas.

El poder de estas empresas hace que muchos de los fichajes estén condicionadas por el emblema que aparece en el pecho que no es el escudo sino la marca que los viste. Por ello, los cantos de sirena que suenan desde París sobre la posibilidad de que Cristiano Ronaldo se enfunde los colores del club capitalino podría ser más que posible.

El idilio de Nike y el PSG lleva muchos años intacto y la presencia del portugués, uno de los iconos de la compañía y cuya selección sí viste la empresa norteamericana, en el Real Madrid incomoda para ciertas campañas de imagen que chocan con las tres rayas que han atrapado a los blancos hace unos años y que podrían abrirse, por qué no, para que el crack de Madeira vaya a la ciudad del amor, de la mano de Nike y de la capacidad económica del jeque Al Thani.

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