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Regresa la UEFA Champions League y con ésta se avecina una tercia de duelos imperdibles. Así nos los describe nuestro columnista, José Ramón Fernández

Manchester City vs Barcelona.

Una cosa es el City contra el Barça y otra muy distinta contra el Barça y Messi. Los tiempos se acortan en el futbol moderno, las crisis apocalípticas que se desatan en domingo terminan un martes por la noche. Ejercitando la paciencia es como se ha hecho sabio Manuel Pellegrini, técnico de largo plazo. El City sigue avanzando en su modelo, poco a poco se acerca al tipo de juego de aquel Villareal y el último Málaga, ambos brillantes semifinalistas de Champions League, perdedores que dejaron huella. Pero el tiempo también juega a favor del Barça, porque lo peor que podía pasarle era enfrentar al City hace unas semanas y no ahora, con Neymar de vuelta, Messi recuperado y el Tata convencido por Iniesta de las artes de juego que dominan sus hombres: presión, posesión, desmarque. Grandes rivales, con esta clase de equipos el Barça puede dialogar, con otros, mártires de una sola noche como en su momento fueron Chelsea o Inter, lo mejor era no cruzar palabra. Los futbolistas del City parecen aquellos que no encontraron dorsal en Barcelona, Silva, Agüero, Navas, Touré, Nasri; interpretan el fútbol igual que Xavi, Iniesta, Pedro, Busquets o Alexis.  Messi aparte, las diferencias de lenguaje en medio campo son mínimas.

Arsenal vs Bayern.

Los enfrentamientos Guardiola - Wenger alejan del debate a Mourinho, Klopp, Simeone o Ancelotti, técnicos a los que cuesta trabajo entender el placer. Guardiola y Wenger son mal llamados cursis, sibaritas, románticos. Sus equipos suelen buscar la belleza en el proceso, mientras el resto, sólo encuentran satisfacción en la victoria. Al Arsenal se le acusa de delicado y el Bayern, un poder histórico, hoy prefiere ser identificado con la gracia y los pequeños detalles. En ambos casos hay mucha gallardía, una característica asociada al riesgo. Aun así, entre poetas también hay niveles. Y Guardiola a quien nunca se le escapa el equilibrio que justifica la estética, entiende mejor el lado oscuro del fútbol que Wenger, demasiado pálido, frágil. Si al Arsenal de Özil, Wilshere, Cazorla y Girourd le sobra arte, al de Mertesacker, Koscielny, Sagna y Gibbs le falta carácter. No así el Bayern, parejo en ataque y defensa desde Ribéry hasta Neuer. El Bayern es una orquesta, el Arsenal un gran cuarteto de cámara.

Milán vs Atlético.

Algo muy raro tiene que estar pasando en el viejo  Milanello de Baresi y Madlini para que la figura del equipo sea un futbolista como Balotelli, gran jugador, pero frágil . Milán al igual que Atlético de Madrid ha cambiado su fórmula de liderazgo. No hace mucho, quien se sentaba en el banquillo del Calderón amanecía flotando en el Manzanares. Simeone está reescribiendo la historia. A orillas de un río que parecía maldito ha crecido el sentido común, los títulos, los jugadores y un crack como Diego Costa. Por otro lado la tragedia del Milán se explica a partir de la caída de su benefactor, Berlusconi que en su momento tuvo la visión para hacer de este club un líder revolucionario, hoy lo utiliza como la última tribuna pública que le queda para mantenerse vigente. Ni en su peores pesadillas la organización del Milán imaginaba parecerse al caótico Atlético de Madrid, como tampoco el Atlético soñó con alcanzar la solidez institucional que alguna tuvo su rival de octavos.