thumbnail Hola,

"No está muerto quien pelea", dice el dicho popular, y Uruguay tiene el don de pelear siempre, cuando más de uno lo da por muerto.

Tres partidos ganados por Uruguay de manera consecutiva en la Eliminatoria sudamericana al Mundial de Brasil 2014, volvieron a poner sobre el tapete las enseñanzas del Maestro Óscar Tabárez. Más allá de lo que se ve en el campo de juego, y que resalta cierta similitud con la manera de encarar la vida que resulta común denominador en tierra Charrúa; ¿existe un límite al que tiene que ser sometido un uruguayo para lograr las metas?.

La Celeste había iniciado bien la Eliminatoria. Sin embargo, en la séptima fecha, y precisamente ante Colombia, comenzó la debacle: Apenas pudo lograr dos puntos de 18 en disputa, producto de dos empates 1-1 ante Ecuador y Paraguay, y sufrió goleadas del conjunto cafetero, de Argentina y hasta de Bolivia, una de las Cenicientas del continente.

Cuando de nuevo se hablaba de la calculadora, y volvía a resurgir la famosa frase de “matemáticamente tenemos chance”, el Maestro probó, una vez más, que “el camino es la recompensa”, y de todo se aprende. Y tras diez meses sin conocer la victoria en seis partidos disputados, aquel gol de Edinson Cavani a los 27 minutos que silenció las tribunas del estadio Cachamay en Puerto Ordaz, Venezuela, significó el inicio de la remontada.

Luego llegó el cuarto puesto en la Copa Confederaciones, donde Uruguay enfrentó a equipos con un nivel muy potente, como Brasil, Italia o España y, aún sin ganar, dejó una buena impresión que aportaba esperanzas de cara a la Eliminatoria y a los resultados que acabaron logrando en los últimos dos partidos.

Pero, ¿qué se estaría hablando si el ingreso de Stuani, uno de los tapados de Tabárez, no le hubiera dado el brillante resultado que le dio ante Perú y ante los cafeteros? ¿Qué hubiera pasado si el equipo no respondía ante Colombia? No se sabe. Lo único absoluto es que la Celeste dejó todo en la cancha, que jugadores como Cavani, quien recibía constantes críticas, demostró cómo puede recorrer toda la banda en una búsqueda incesante del gol; que el capitán Diego Lugano se quedó concentrado a apoyar al equipo a pesar de cumplir sanción, y que un pibe de 18 años como José María Giménez, que llegó a decirle a los más experientes que no venía de paseo, sino a ganarse un lugar, se transformó este martes en el más joven en debutar bajo las órdenes de Tabárez y lo hizo como si tuviera 18 años de experiencia encima.

Muchos se preguntan todavía ¿que es la “Garra Charrúa”? La respuesta es simple: Cuando ya no se puede realizar ningún esfuerzo físico, apelar al espíritu y a la moral para sobreponerse a cualquier problema.

Relacionados