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El trofeo de la Copa nacional se antoja como un bálsamo para dos aficiones que no han podido celebrar un campeonato en mucho tiempo.

Podría ser un trofeo secundario, pero la segunda edición de la Copa MX (tras una ausencia de 15 años) se ha vuelto en el objeto más deseado para dos instituciones sedientas de triunfo, y sus aficiones que no han podido gritar un campeonato en muchos años.

América no ha podido agregar un trofeo a sus vitrinas desde el 2006, cuando se colgó la corona de la CONCACAF sobre Toluca, accediendo a un Mundial de Clubes donde fue eliminado salvajemente por Barcelona. Cruz Azul, por su parte, vive un infierno prolongado desde 1997, cuando irónicamente ganó tanto Liga y Copa.

Combinadas, dichas rachas sin campeonar en cualquier torneo suman 23 años de sequía para dos de los clubes más emblemáticos de nuestra liga.

Las situaciones actuales de cada club podría, además, proveer un salvavidas para los directores técnicos involucrados si se consigue el trofeo. Guillermo Vázquez pende de un hilo con La Máquina luego de un paso terrible al comienzo del Clausura 2013 y la presión creciente de la afición cementera.

Miguel Herrera ha prometido títulos al americanismo y no los ha podido entregar. Dos ligas se le han escapado ya, y en caso de que una tercera tampoco resulte en campeonato, el 'Piojo' podría apuntar a lo conseguido en la Copa MX para justificar su estancia en Coapa otro semestre más.

Ambos equipos han salido adelante utilizando cuadros mixtos. Por los azulcremas, jugadores que suelen ser titulares como Rubens Sambueza y Aquivaldo Mosquera han visto acción en la fase de grupos. Cruz Azul ha hecho lo mismo en búsqueda de elementos que puedan ser útiles además en la liga.

De pasar de la ronda de cuartos de final, lo más probable sería ver una final adelantada entre Cruz Azul y América debido al posicionamiento que obtuvieron al pasar de grupos. América fue superlíder, Cruz Azul fue cuarto. Si se respeta la lógico, primeros y cuartos se verían en semifinales.

Y entonces, moriría el sueño de una afición, así como el colchón de un entrenador que busca la continuidad de un proyecto que fácilmente podría ser arrebatado.

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