thumbnail Hola,

En mayo del 2011, de la mano de Xolos, León quedaba eliminado por enésima ocasión en la búsqueda del ascenso. Hoy buscan llegar a la final de la Liga MX.

Llamar "tenso" al aura que rodeaba al Nou Camp la noche del 7 de mayo del 2011 es ni siquiera llegarle a los talones a la situación que encapsulaba al inmueble leonés y gran parte del estado de Guanajuato. Año tras año se negaba cruelmente lo que los aficionados esmeraldas veían como una especie de derecho: estar entre los 18 mejores equipos de México.

Un equipo con tanta historia, con cinco títulos y con una presencia constante en los libros del recuerdo del fútbol mexicano vivía tiempos indignos de su envergadura. Peor aún, lamentaban los fieles al equipo verde, se plantaba un equipo nouveau riche, sin historia, que les pretendía alargar el purgatorio de la entonces Liga de Ascenso.

Xolos se plantaba en León con un gol de ventaja obtenido en el Estadio Caliente. Los nervios estaban al tope para ambos equipos, ya que Tijuana soñaba con el fútbol de primera, obra que jamás se había concretado en la frontera del país. Sin duda alguna, era un partido digno del drama que lo rodeaba.

Al Nou Camp le cabían alfileres -para evitar el cliché- pero poco más. Cada toque de balón era vivido intensamente, a los Xolos les llovían abucheos que hacían temblar las cámaras de televisión grabando la acción. Los movimientos de León eran acompañados parcialmente de la retención colectiva de oxígeno en los pulmones, para estallar cuando la jugada terminaba.

Joshua Abrego no era, ni es un goleador. El defensa polivalente de Xolos es aún el líder de partidos del equipo fronterizo, contando las apariciones en el ascenso. Contados 19 minutos del inicio, el zaguero se convirtió en héroe y verdugo al vencer el arco local y contabilizar el importantísimo 2-0 global para los bajacalifornianos. Con punterazo de pierna izquierda, Abrego silenció el Nou Camp.

Las cosas no mejoraron, se acabó el primer tiempo. Cambios vinieron, pero la valla tijuanense de Leonín Pineda permanecía intacta. No caía el gol local. León se quedaba con diez. El espectáculo raro de ver al cuarto árbitro sustituir al central, también ocurría. Adentrados en el segundo tiempo, la daga que mataba las aspiraciones. Luis Orozco, también de zurda, hacía el segundo en León, el tercero en la serie, y estampaba el boleto a la final.

Orozco pedía nuevamente silencio desde las gradas. León no le daba el placer. Llovían botellas de cerveza al pasto, los cuales evitaba el delantero de Tijuana con un festejo retador. En las gradas, se desataba el infierno. Pseudoaficionados invadían la cancha. Se destaban los golpes. La malla ciclónica que separaba a la afición de la cancha fue cortada. Se perdieron catorce minutos de juego debido al espectáculo penoso que ocasionaba la gente enfurecida.

El partido reanudó con la malla vencida. En la portería de Tijuana aparecían más camisas verdes de la afición que evacuaba el peligro que jugadores buscando provocarle peligro a Xolos sobre la cancha. Tijuana tocó la gloria en otra noche amarga para León. Más de doce meses después, ambos lucharán para rozar alturas insospechables en la Liga MX.

Sigue a GOAL.COM MÉXICO en y también en 

Relacionados