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UEFA Liga de Campeones

  • 24 de mayo de 2014
  • • 13:45
  • • Estádio do Sport Lisboa e Benfica (da Luz), Lisboa
  • Árbitro: B. Kuipers
  • • Espectadores: 60976
4
TE
1

Cristiano Ronaldo metió el cuarto y llegó a los 17 goles en esta edición.

Real Madrid lo dio vuelta y goleó al Atlético

Cristiano Ronaldo metió el cuarto y llegó a los 17 goles en esta edición.

Getty Images

La Décima llegó para el Merengue aunque la final de Lisboa parecía ser una pesadilla hasta que apareció Sergio Ramos. En el alargue, los del Cholo no pudieron aguantar el ritmo.

Dramática, como toda final, la definición de la Champions League tuvo un tremendo contenido emotivo. Por cómo se dio el partido, por el frentazo épico de Diego Godín y por el mismo movimiento de Sergio Ramos que le dio una vida más a un Real Madrid que en los últimos diez minutos hizo lo que cualquier equipo en situación de desesperación: tirar la pelota al área sin parar.

La defensa impenetrable del Atlético del Cholo Simeone tuvo los agujeros que cualquiera tendría con bestias como Ángel Di María, Cristiano Ronaldo y Gareth Bale enfrente. Llega un momento en el que los músculos no responden y ahí es donde empieza a pesar el talento, y cuando éste logra imponerse por sobre los nervios, pasan cosas como la tremenda jugada de Di María que terminó en el gol de Bale.

Angelito no se merece un párrafo aparte, sino un suplemento. Lo de él en la noche de Lisboa fue digno de un jugador de elite. A diferencia de Cristiano Ronaldo, desaparecido durante todo el partido, y de Bale, errático hasta que metió el gol, Di María hizo todo bien. No perdió ni un duelo personal, fue una daga por la banda izquierda que apuñaló en cada ataque a la última linea del Colchonero y le dejó servido el gol del partido al galés porque Courtois le tapó un zurdazo que tenía destino de red.

Lloraron desconsoladamente varios jugadores del Atleti y también se le inundó la cara a Angelito. Porque era injusto que el Fideo se quedara con las manos vacías después de semejante muestra de personalidad y talento. Es difícil entrar en el terreno de los merecimientos porque Simeone y sus guerreros tampoco debían irse de Lisboa con ese dolor en el pecho que sentirán por un largo tiempo. Pero el fútbol una vez más demostró que ganar defendiéndose sin la pelota es el método más riesgoso de llegar al éxito.


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