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Las estadísticas contra el Arsenal son contundentes: el equipo de Guardiola tuvo el 73% de la posesión, tuvo 20 remates más, hizo tres veces más pases y el 87% fueron correctos.

Hay quienes creen que la estadística no son más que números que no hacen en nada al juego del fútbol. Que la matemática y el deporte no son buenos amigos. Pero también están aquellos que pueden hacer una revolución y tomar las armas porque un día Rayo Vallecano tuvo más la pelota que Barcelona luego de más de 300 partidos y el mundo parecía venirse abajo (incluso cuando la fiesta terminó con goleada 4-0 para los catalanes). Sin embargo, a veces los números son tan abrumadores que configuran un dato ineludible dentro del análisis. Allí se encuadra el partido de ayer entre Arsenal y Bayern Munich, por los octavos de final de la Champions League.

Más allá de las incidencias que también condujeron el desarrollo del encuentro, como el penal marrado por Özil, la expulsión de Szczesny que se convirtió en el segundo penal malogrado del partido, esta vez por Alaba, y los más de 50 minutos que los ingleses jugaron con uno menos, hay un dato clave y es la propuesta del Bayern de Pep: tener la pelota y jugarla rápidamente. En otras palabras: que corra la redonda, no los jugadores.

Entonces, aquí comienza el análisis estadístico. Bayern Munich tuvo la pelota un 73 por ciento del tiempo de partido. Sabido es que si un equipo tiene el balón, el otro no lo puede llevar hasta el arco rival. Pep Guardiola es consciente y por eso decide que sus equipos ataquen y defiendan con la pelota en los pies. Lo hizo en Barcelona, lo hace en Munich. Y para mover la pelota están los pases: Arsenal intentó 300, y solo 186 llegaron a destino. ¿El Bayern? Hizo 859 pases bien sobre 984 intentados. Abrumador.

Claro que no todo termina en los pases entre jugadores de un mismo equipo, sino que hay que pasarle la pelota a la red, como decía César Luis Menotti. Y en esa materia también aprobó con creces el conjunto bávaro: ensayó 26 remates al arco primero custodiado por Szczesny y más tarde por Fabianski, mientras que los dirigidos por Arsene Wenger solo pudieron probar seis veces la resistencia de Neuer, imbatible.  

El club muniqués, que no había tenido por sencillo encontrar las vías al arco rival en la primera parte, empezó a sacar provecho del hombre que le faltaba a los Gunners en la segunda mitad. Ingresó Rafinha por el amonestado Boateng, para que Lahm dejara el andarivel derecho y pasara a manejar la sala de máquinas teutona, zona neurálgica del equipo; Javi Martínez se retrasó hasta la posición de zaguero y Arsenal perdió por completo la pelota.

Y la figura de la cancha dejó de ser un tema de discusión. Toni Kroos, que ya había dejado lucirse a Szczesny en la primera mitad con un salto providencial para tapar su remate al ángulo, esta vez dejó a Fabianski sin opciones y la clavó en un rincón inalcanzable para el portero polaco. El 1-0 fue el comienzo del fin para los londinenses. Y Kroos, con cinco remates -uno menos que todo Arsenal- y 151 pases completos sobre 162 intentados (93% de precisión), fue el hombre del partido.

Guardiola lo está haciendo de nuevo. Convenció a un equipo sin fisuras que se podía ser mejor, y logra que sus dirigidos aplasten a los rivales sin compasión. Sólo resta saber cuánto tiempo podrá el Bayern mantener su andar asintótico, un fútbol representado por una curva que tiende a la perfección y cada vez se aproxima más, pero nunca llega: allí radica la clave del constante crecimiento.

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