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Si hay un símbolo patrio no oficial ese es la camiseta de la Selección de fútbol de un país, impedir su uso es un acto de discriminación muy grave.

Tener la camiseta de la selección nacional es como portar una armadura, al vestirla generamos una identidad y un sentido de pertenencia únicos hacia nuestro país; no sería descabellado decir que la camiseta es uno más de nuestros símbolos patrios, en especial cuando hablamos de países como Colombia, Argentina, Brasil, Perú, Ecuador y más  recientemente Venezuela donde el gran nivel de su selección en los últimos tiempos ha creado esa conciencia superior alrededor de la pelota.

Lo sucedido en el partido entre Argentina y Colombia no puede ser un hecho aislado, pues que la policía intervenga en un espectáculo deportivo de una manera tan negativa no puede ser bien visto en ningún lugar del mundo, la indignación se apoderó de todos los presentes, incluidos muchos colegas argentinos y algunos hinchas de la albiceleste que no daban crédito al ver como las camisetas amarillas y azules de la Selección Colombia eran decomisadas a los hinchas y puestas en bolsas negras de esas mismas que se usan para botar la basura.

Uniformarse para alentar al equipo de un país no es portar un color o un escudo, lo que tal vez la policía no comprendió al despojar a los hinchas de sus camisetas es que debajo de la tela hay un corazón que anhela alentar a los 11 guerreros que se baten en la cancha para defender ese sentimiento, ese ideal, ese mismo sueño que seguramente comparten los hinchas y jugadores del equipo argentino.

Es inexplicable que le quitaran la camiseta a los que iban con el escudo de nuestra federación, como también es inexplicable y muy desalentador el hecho de que quienes se negaron a entregar su identidad y la de su país fueron privados de entrar a ver el espectáculo que en la cancha solo involucraba a los 22 jugadores, pues la fiesta en las tribunas se vivió en paz y las hinchadas de ambas selecciones se mezclaron en las tribunas sin faltarse al respeto, disfrutando el partido sin importar a quien se estuviera apoyando, pues a pesar de no tener la armadura puesta los hinchas colombianos se hicieron sentir en cada jugada del partido.

La camiseta se respeta, no por la marca, ni por lo que valga, tal vez ni siquiera por el color, no, la camiseta se respeta porque en nuestro caso particular  vestirse de amarillo azul y rojo nos permite seguir soñando con que “el bien germina allá”

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