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Nuestro director editorial en Latinoamérica estuvo presente en el empate sin goles en Núñez, donde fue testigo de la inmensa marea amarilla de los hinchas colombianos.

  Sebastián García
  Director Editorial
  Goal.com Latinoamérica
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 Vivo a pocas cuadras del Monumental de Núñez. Igual que muchos vecinos colombianos. La zona del Bajo Belgrano, muy cerquita de la cancha de River, es uno de los destinos favoritos para estudiantes y jóvenes profesionales que llegan a Buenos Aires desde Bogotá, Cali, Medellín y otras ciudades de Colombia.

Les gusta mucho la capital argentina a los compatriotas de quienes hace 20 años vinieron y dijeron: “Aquí también el fútbol se baila”.

Sin Lionel Messi, pero con un menú abundante en nombres de calidad internacional, recorrí las 10 o 12 cuadras hasta el escenario principal del Mundial 1978 y reaccioné con una sonrisa cuando al pasar por al lado de un colega de una radio argentina, lo escuché decir: “con la 10, James Rodriguez y con la 9, Radamel Falcao García”.

“Va a estar lindo para aquellos que viven en Mónaco”, pensé. Y recordé aquella vez que vi a un muy jovencito James en la cancha de Banfield y me tuvo hipnotizado durante 90 minutos.

Recibí un llamado de otro colega que me preguntaba si había visto algo raro. Él había escuchado que muchos hinchas colombianos habían sido demorados e incluso maltratados en las inmediaciones. Yo pasé todos los controles, inmerso en un mar de camisetas albicelestes y otras tantas, amarillas. Ningún empujón. Ninguna situación desagradable. Tal vez todo eso malo ocurrió después de que yo entrara por la calle Figueroa Alcorta.

Lo cierto es que colombianos había. Y muchos más que los que suelo encontrar a diario, trabajando o paseando por mi barrio. Estos, además, estaban “pintando” de amarillo la ciudad. Bromeé con un amigo al cual le dije: “Colombia trajo más gente que la que trae Velez o San Lorenzo al Monumental”.

En mi ubicación de la fila 11 de la platea San Martín media, con la hinchada cafetera a mi izquierda, pensé que iba a tener que esforzarme para escuchar qué era lo que cantaban allá lejos. Pero de repente…aparecen 10 jugadores con camisetas amarillas y un antioqueño con guantes, desfilando hacia el rectángulo de césped y me sentí realmente visitante.

A Colombia le quedó chico mi barrio. Un inusual reparto de localidades hizo que estuviéramos todos mezclados (¡como debería ser siempre!), pero en ese sector en particular, daba la sensación de estar en el Metropolitano de Barranquilla, si no fuera por el detalle de la temperatura que estaba bien por debajo de los 10 grados.

Si no conociera de antemano al arquero del Niza, mis vecinos plateístas se habrían encargado de dejarme bien claro de quién se trataba. “Ospina, Ospina, Ospina” fue el segundo grito que más se escuchó en el Monumental. El primero no fue “Falcao, Falcao”, tampoco exageremos. El rugido más grande de la gente se escuchó cuando Messi se preparaba para ingresar en el segundo tiempo.

La ola, aquella gastada invención mexicana de 1986, las camisetas amarillas y el “Olé olé, olé olá, que mi Colombia ganará”, también fueron parte de una tarde-noche arruinada, en parte, por el árbitro venezolano Marlon Escalante.

Me lamenté por la lesión de James, poco después de haber disfrutado de ese pase de “zapatilla” que metió para Jackson. Mi golpe de vista se fue inmediatamente hacia el juez de línea y tras mi alivio instantáneo, fui el encargado de comunicarles a varios aficionados cafeteros que ya era hora de dejar de celebrar porque el gol había sido anulado.

Ya al final del partido, mientras los jugadores colombianos saludaban a su gente antes de irse al vestuario, un hincha argentino, con mucho acento porteño, le gritó a Radamel: “Falcao: ¿por qué no le sacás una foto al arco como recuerdo. No lo viste en todo el partido”. Hubo un ataque de risa generalizado y buen humor para aceptar ese chiste.

Mientras tanto, yo me despedía de ese mismo grupo de hinchas, pensando que tranquilamente, por nombres, por actualidad, por preparación y por corazón, dentro de un año y pico tal vez Argentina y Colombia se crucen en una instancia decisiva en Brasil. Y ese día no será solamente Falcao el que necesite una cámara de fotos.

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