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Enigma Iturbe

Enigma Iturbe

El enigmático Juan Manuel Iturbe

Juan Manuel Iturbe, sin continuidad en el Porto y cuestionado en Argentina, atraviesa uno de los peores momentos de su incipiente carrera.

Matías Baldo
Redactor - Desde Mendoza
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Es evidente su fastidio. La imagen se repite hasta el hartazgo, una y otra vez. Toma contacto con la pelota, reincide en la maniobra individual y profundiza su frustración. Se cubre la cara queriendo desaparecer del mundo para dejar de padecer semejante flagelo. El combinado Sub 20 argentino está al borde del abismo, a un paso de una eliminación inopinada y la estruendosa silbatina en el Malvinas Argentinas fustiga el espíritu devastado del enigmático Juan Manuel Iturbe.

Iturbe representa un desafío irresoluble porque su carrera resulta un jeroglífico indescifrable, consecuente con aquellas gambetas demoledoras que supo materializar en los albores de su embrionaria carrera. Si su relampagueante aparición obnubiló al mundo, mayor estupor causó su súbdita abdicación. Semanas después de aquel debut con tan solo 16 años frente a Libertad, el mote de "Messi guaraní" simbolizaba la esperanza depositada en un jugador de características semejantes al mejor jugador del mundo. En segundos se construyó en una estrella marketinera, en un hombre que fue citado por el depuesto presidente Fernando Lugo para intentar convencerlo de vestir la camiseta paraguaya.

La polémica salpicó su carrera desde el prólogo. Cerro Porteño pretendió blindar a su flamante joya con un contrato eterno tras sus primeras apariciones. Influenciado por el representante Gustavo Mascardi y su familia, se fugó rumbo a tierras argentinas. Julio Humberto Grondona repetiría con Iturbe el exitoso plan con el que le birló a Lionel Messi a la Selección Española. Sparring del conjunto de Diego Armando Maradona en Sudáfrica 2010, desembarcó en Quilmes a través de la conexión Don Julio-José Luis Meiszner, mano derecha del Presidente de la A.F.A y ex máximo mandatario del Cervecero. Su estadía en el sur bonaerense fue efímera pero intensa: como si de un magnate se tratara, Iturbe arribó a sus doce entrenamientos en una camioneta blindada, custodiado por un insólito séquito de guardaespaldas.

Aún con una inactividad de diez meses, Iturbe fue convocado para afrontar el Sudamericano Sub 20 de Perú 2011, otro capítulo en la estrategia grondonista. Apenas días antes del debut se resolvió su situación contractual: Pinto Da Costa, Presidente del Porto y eximio ojeador, desembolsó una cifra de 3 millones de euros para llevárselo cuando cumpliera la mayoría de edad. Mientras tanto, retornaría al Ciclón de Barrio Obrero para "pagar su deuda". Do Dragao aparecía en el horizonte como el contexto ideal para desarrollar su talento en una liga importante de Europa, tal como hicieran Falcao, James Rodríguez, Freddy Guarín y Hulk. La profesía no solo no se cumplió, sino que el argentino desperdició oportunidades incluso en el segundo equipo hasta declararse "triste" y luchar por regresar al continente sudamericano. Su jugada maradoniana en un amistoso frente a Celta de Vigo representa su único momento de inspiración y gloria en más de un año en Portugal.

Brilló en Perú 2011 con una actuación memorable. Definió el derby rioplatense en la última jugada, encaminó un complicado trámite frente a Chile y ganó el clásico frente al Brasil de Neymar con un gol antológico. Fue la máxima figura de un combinado nacional que decepcionó, clasificado al Mundial pero afuera de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Irregular, sus chispazos electrizaban el ambiente, ganaban partidos y aseguraban valiosos puntos. Cualitativamente descomunal, cuantitativamente en deuda pero con un potencial insondable, confirmó la tendencia en la Copa Libertadores. En su debut frente a Colo Colo rubricó dos pinceladas para el recuerdo y fue el factor revulsivo de un equipo que alcanzó las semifinales. Además, humilló a la adversidad de un clásico frente a Olimpia en el que su equipo jugaba con suplentes y en inferioridad numérica.  

Fue la principal decepción en el Mundial de Colombia 2011. Eximido de cargar con toda la responsabilidad por la inclusión de Erik Lamela dentro del once titular, era su oportunidad para refrendar las buenas sensaciones sembradas en Perú. Desaparecido en acción, padeció el certamen. Otra vez al borde del ostracismo producto de sus endebles rendimientos en Portugal, la Selección Sub 20 apareció como una oportunidad para revalidar sus credenciales, mientras negocia con River para reencontrarse con la felicidad de antaño.

El Sudamericano de Mendoza sería un escenario inmejorable para él. Experimentado, con el bagaje de su aventura europea, Marcelo Trobbiani confío en él para formar un quinteto letal. Después de dos derrotas, su versión durante 180 minutos es preocupante para el destino del equipo y una pésima noticia para él en una de sus últimas oportunidades para reencausar y revitalizar su carrera. Obsesionado con ganar a través de arremetidas individuales, sin reacciones físicas para aprovechar su desequilibrio natural. Frustrado, inseguro, lento, con dejos de indolencia y displicencia, incapaz de demoler a sus rivales a puro vértigo, dinámica y velocidad con su otrora indescifrable gambeta.

Iturbe desplegó graníticamente su talento, apenas a cuentagotas. Dueño de un potencial asombroso pero desconocido, Iturbe es todavía un misterio. Ni él sabe si finalmente jugará en la Selección Argentina o si, como confía Gerardo Pelusso, se investirá con la albirroja paraguaya. Más aún su enigmático futuro, un porvenir que los próximos días se encargarán de definir. Dueño de virtudes para convertirse en uno de los mejores jugadores del mundo, con capacidades dignas de una leyenda en ciernes, Iturbe es un jeroglífico que, ante todo, él mismo deberá resolver. Tal vez Ramón Díaz sea la clave para resolver su rompecabezas.

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