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El último pase

El último pase

Juan Manuel Iturbe / Getty

Chile dio el primer batacazo del Sudamericano Sub 20 frente a la Selección Argentina, deslucida, apática e individualista.

Matías Baldo
Redactor - Desde Mendoza
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El imponente Cerro de la Gloria fue testigo del primer batacazo del Sudamericano Sub 20: en el coqueto y elegante Estadio Malvinas Argentinas, Chile derrotó por 1-0 a la Argentina con gol de Nicolás Castillo. El delantero de la Universidad Católica certificó con una deslumbrante actuación su sorprendente rendimiento en la última Copa Sudamericana.

El cabezazo agónico de Lautaro Acosta frente a Uruguay en Asunción 2003 fue el último gran éxito a nivel juvenil y sudamericano. Después de aquella sufrida clasificación a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, el derrotero fue irrefrenable. El prestigio edificado durante la era de José Néstor Pékerman, custodiado posteriormente por Hugo Tocalli y Pancho Ferraro, desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Más allá de la clasificación a Turquía 2012 y la conquista del título en casa, el principal objetivo del conjunto de Marcelo Trobbiani será recuperar la identidad y el protagonismo de antaño.

Obnubilado por el potencial ofensivo, Trobbiani arriesgó en el debut con una formación audaz e inquietante. Tres centrales, un mediocampista improvisado como lateral derecho, un único cinco con kilómetros para cubrir en la más absoluta de las soledades y cinco hombres con el arco rival entre ceja y ceja. La decisión, era evidente: aceptar el golpe por golpe aprovechando las previsibles diferencias que la demoledora capacidad de sus piezas de ataque podían construir. El peligroso pero atractivo plan de poner nombres, aún a riesgo de destrozar el equilibrio que cualquier equipo debería tener para no sufrir en el propio arco.

Agazapado, con un cerrojo construido basado en el sacrificio de sus guerreros, Chile aguardó inmutable por el momento indicado para ganar el partido. El cabezazo de Castillo respaldó la teoría del guevarista Mario Salas. 46 minutos con diez, 17 con nueve. Ni así mermó el espíritu combativo del conjunto trasandino, cuyo resultado jamás corrió peligro ante la apatía argentina.

Trobbiani justificó la derrota en la falta de precisión en el último pase. Sin embargo, el esquema y los nombres elegidos atentaron contra la lógica. Sin intérpretes para asegurar la posesión ni colar estocadas entre los centrales rivales, la Argentina padeció la escasa inspiración de sus figuras. Años después, se repite la sensación de aquella derrota por 1-0 frente a Estados Unidos en su debut en el Mundial de Holanda 2005. Con Lionel Messi sentado en el banco de suplentes, la Albiceleste cayó sin atenuantes en un partido que tenía como candidato. La historia, hasta nuestros días, es harto conocida.

Messi, único e irrepetible, no integra el plantel que deberá asegurarse el pasaje a Turquía 2012. Sin embargo, la postal parece repetirse cuando los mejores jugadores vuelven a quedar marginados del once titular. Por lo visto en cancha, Federico Cartabia y Agustín Allione le entregaron a Trobbiani la solución a su "poca profundidad". En poco minutos, conjugaron frescura y frialdad para tomar decisiones acertadas en una coyuntura ardiente.

Chile se quedó con tres puntos de oro. Trobbiani no superó un desafío que, en la selección mayor, Alejandro Sabella cumplió con creces: apostar por un cuarteto letal sin regalar su solidez defensiva. Pese a su saludable iniciativa de apostar a una formación exageradamente ofensiva, Trobbiani deberá analizar los errores de una derrota inesperada.

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