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Desde que Tito Vilanova se fue a tratarse de su enfermedad, el nivel de Barcelona cayó demasiado.

La importancia de los entrenadores en los equipos de fútbol debería ser relativa, porque los que entran a la cancha son los jugadores y ellos sólos pueden cambiar la historia de un partido. Sin embargo, después de décadas de una especia de "dictadura de los directores técnicos", éstos personajes se han convertido en protagonistas clave del espectáculo. De hecho, hoy es casi imposible que un equipo brille en un alto nivel si no tiene un DT de categoría.

Lo que está sucediendo con Barcelona es un ejemplo claro de esto. El equipo catalán tiene una filosofía que va más allá de los nombres. Los futbolistas juegan de una determinada manera desde que llegan al club y ningún técnico de primera división puede influir demasiado en esto. Sin embargo, desde que Tito Vilanova viajó a Nueva York para tratarse de su enfermedad, se convirtió en un equipo incapaz de superar los obstáculos que los partidos presentan. Hoy es un equipo sin cabeza.

El reconocido periodista Dante Panzeri cambió el significado de las siglas DT: “dóciles tristes” o “damos tristeza”. Para él, esos señores que se paraban detrás de la línea de fondo sólo eran un accesorio de lo único que importa. Hoy, él disfrutaría del juego de Barcelona pero también sufriría por el impresionante protagonismo que han adquirido los "dóciles tristes".

Un entrenador no es indispensable para que un equipo juegue bien pero sí es capaz de hacer que juegue mal. La idea de esta columna no es sólo criticar a Jordi Roura, quien en definitiva está ocupando un lugar que él no pidió y que no pretende. Simplemente, se busca demostrar que una cabeza de grupo afianzada es muy importante para un plantel que quiere alcanzar objetivos como los que persigue Barça.

Lo más fácil es decir que un equipo como Barcelona no necesita entrenador, que juegan sólos después de años de hacerlo juntos. Es lo más fácil y así debería ser, sin embargo, la realidad se alteró por culpa de ellos mismos, de los jugadores y de todo el mundo del fútbol que les dio una entidad demasiado importante. En definitiva, se creó un monstruo que hoy es imprescindible.

En el primer nivel se necesita tener un entrenador, porque los futbolistas deben tener a alguien en quien confiar afuera del campo. Roura hace lo que puede, pero no acierta en los cambios, no les da confianza a sus dirigidos y, lo que es más grave, el equipo sufre problemas físicos que nunca antes sufrió. Esa es la principal razón por la que Barcelona no está consiguiendo resultados.

El sistema de juego culé precisa, además de la posesión constante de la pelota, movilidad. Si no hay un movimiento permanente de los posibles receptores, la idea se cae. Es así de simple. Hoy, Barcelona es un equipo mucho más estático que un mes atrás. Eso puede obedecer a múltiples razones y la deficiente preparación física es una de ellas.

Con todo esto, Messi sigue siendo el mejor de Barcelona, la llave de todo. Tras la caída ante Real Madrid, Roura afirmó: “Cuando lo marcan bien a Messi, el equipo lo nota". La frase hace ruido en oídos acostumbrados a elevar al cielo el trabajo de equipo, por sobre cualquier individuo. Quizás eso es lo que se extraña en Barcelona: la palabra siempre adecuada de los maestros Guardiola y Vilanova.

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