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Gigliotti no se da por vencido nunca: una y otra vez va en busca del gol sin importar las fallas.

La importancia de estar siempre

Gigliotti no se da por vencido nunca: una y otra vez va en busca del gol sin importar las fallas.

Emmanuel Gigliotti fue el goleador de la noche ante Quilmes

Emmanuel Gigliotti fue vital en la victoria de Boca. Había abierto la cuenta y se perdió uno abajo del arco, pero nunca bajó los brazos y sobre el final apareció para liquidar.

  Luciano Román Garzo
  Redactor
  Goal.com Argentina
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Aunque la remera de Boca sea de tela, lo que implica ponérsela y salir a jugar en La Bombonera obliga a los recién llegados a amoldarse a esa camiseta y a todo lo que la rodea. Y a veces, el marco oprime las neuronas y el arco, que para los arqueros parece gigante, se torna diminuto para los delanteros presos del nerviosismo.

No es fácil ser el 9 de Boca, y más en este momento, en el que Riquelme sigue entregando destellos de su talento y si no es él, aparecen Gago o Sánchez Miño para aportar con pases incisivos que sólo necesitan una definición certera para estadísticamente pasar a ser asistencias. Emmanuel Gigliotti se está asentando en el equipo de Carlos Bianchi; éste fue recién su tercer partido como titular, algo fundamental para un delantero, porque no es igual la presión de tener que demostrar en media hora (o menos), que contar con la confianza del técnico desde el inicio.

Con Racing gritó por primera vez y liquidó el partido. Con Argentinos estuvo siempre merodeando por los alrededores del arco de Migliore, pero le faltó puntería, o esos centímetros determinantes para llegar firme antes de definir. Y aunque había que jugar con Quilmes, en el subconsciente de jugadores e hinchas ya estaba el Superclásico y no es buen síntoma llegar al partido más importante del semestre con una sensación de inconsistencia en la delantera.

A diferencia de River, que llega con anemia ofensiva y un Gabriel Mercado salvador, Gigliotti apareció en su máximo esplendor en La Bombonera para empezar a retribuir la paciencia de los hinchas y la banca del entrenador. Es cierto, cuando el partido todavía estaba abierto dejó pintado a Peratta pero no pudo lograr que una circunferencia de 22 centímetros de diámetro entre en un arco de 732 centímetros de ancho por 244 de alto. No obstante, lejos de obnubilarse, siguió intentando, siguió buscando, siguió estando, y la recompensa apareció para su desahogo y también el de sus compañeros, que bastante fallaron.

¿Importan los goles que no se convierten? Sí, pero más valiosos son los que se concretan porque, al fin y al cabo, son los que definen los partidos. Y Gigliotti siempre está ahí para hacerlos y saciar su sed de goleador implacable.

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