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Quince victorias en 45 partidos le alcanzaron a Pipo para seguir. Un faltazo, no.

Desde Viena, sin amor

Quince victorias en 45 partidos le alcanzaron a Pipo para seguir. Un faltazo, no.

Néstor Gorosito / Fotobaires

Pipo Gorosito finalizó su vínculo con Tigre y acá hacemos un repaso de los meses del DT al mando del equipo. Un final raro para una historia que prometía más.

Están esas historias que inician mal y terminan bien. Y están esas otras que comienzan excelentemente y finalizan pésimamente. La de Néstor Gorosito y Tigre es el segundo caso. Una novela que arrancó con una final histórica de Copa Sudamericana y acabó con un amistoso en Austria y un alejamiento demasiado extraño.

Gorosito dirigió en total 45 partidos durante los siete meses que duró en el banco del Tigre de Victoria. Allí ganó 15, empató 10 y perdió 20, lo cual le da una efectividad del casi 41%. De cualquier manera, el mayor problema que deja en el club es la floja cantidad de puntos y la complicación nuevamente con el promedio: en esta temporada sumó en total 34 puntos y eso podrá ser un problema en el futuro cercano.

Pipo se hizo cargo del equipo de Victoria a finales del 2012, cuando Rodolfo Arruabarrena renunció luego de salvar al equipo del descenso con una campaña espectacular, pero que no pudo repetir. Allá por octubre desembarcó Gorosito, que se encontró con un equipo en octavos de final de la Copa Sudamericana, pero con un andar demasiado irregular en el torneo doméstico.

De su mano, el conjunto no mejoró sus números en el Inicial, pero los buenos resultados en el certamen internacional más la aparición de un tal Ruben Botta hicieron que los hinchas se empezaran a encariñar con el DT. Terminó disputando la final de la Copa, la cual perdió de una manera muy particular luego de que el plantel fuera amenazado durante el entretiempo en el Morumbi y finalizó anteúltimo con tan sólo 13 unidades (sólo superó a Unión, que cosechó 7).

  El vestuario de Tigre luego del partido ante San Pablo. (Getty)

El 2013 iniciaba lleno de expectativas: el equipo de zona norte del Gran Buenos Aires se preparaba para disputar por segunda vez en su historia la Copa Libertadores. Se clasificó con facilidad a la zona de grupos donde le tocó uno complicado, pero que pudo superar. En octavos se cruzó con Olimpia y allí fue donde las cosas se empezaron a caer. La eliminación a manos de los paraguayos caló hondo en el plantel y, por si faltaba algo más, Botta no pudo terminar el partido tras una fuerte infracción de Salustiano Candia. Pocos días después se confirmó que se había roto los ligamentos de la rodilla.

A partir de ese momento el equipo tuvo una recaída grande, dejó pasar muchos puntos en el torneo y la relación con la gente comenzó a desgastarse. Finalizó 12° en la tabla con 21 puntos, una campaña floja para un conjunto que pintaba para más. Un final extraño para un técnico del cual se esperaba más.

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