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Vélez se consagró campeón del Torneo Inicial y ratificó por qué es considerado el mejor equipo argentino del último lustro.

Vélez perpetuó su novena estrella tras el triunfo frente a Unión y la derrota de Lanús en el Monumental. El Fortín no es ajeno a los males endémicos del fútbol argentino pero se destaca por la indestructible cohesión entre dirigentes, mánager, cuerpo técnico y jugadores. Ajenos al egoísmo, consecuentes con una ideología cimentada en la lógica que impone al club y los objetivos grupales por encima de los caprichos individuales. Así, las claves de un campeón ejemplar:

Continuidad dirigencial:

"Vélez es una especie de escuela de dirigentes. Yo empecé como vocal suplente y terminé como presidente. Cumplí mi mandato y decidí cederle el mando al vicepresidente primero. Cambian los nombres pero se mantiene el estilo. Miguel Calello es de la misma escuela. Arrancó en el 2002, o sea que tiene diez años de gestión. Fue tesorero, vocal y vicepresidente. Ahora es el Presidente". Fernando Raffaini, alejado del club, entrega la receta del exitoso modelo del mejor club argentino del último lustro. Sus logros respaldan esa afirmación: tres títulos nacionales, un subcampeonato, dos terceros puestos, semifinalista de la Copa Libertadores 2011 y semifinalista de la Sudamericana 2011.  

Tras la partida de Raffaini, Miguel Calello fue legitimado en las urnas por el 80% de la masa societaria. Los nombres resultan coyunturales ante una filosofía inalterable que promulga la coherencia como factor distintivo. Vélez invierte gran parte de su presupuesto en el desarrollo de sus inferiores, el único método de subsistencia en el apremiado fútbol argentino que lucha contra las urgencias económicas. La escuela velezana forjó la identidad de un club que le asegura un lugar en Primera a los sueños de los pibes y que, siempre a su debido tiempo, saca rédito de sus ventas para equilibrar su balance. 

Mancomunión entre mánager y técnico:

Vélez ha sido uno de los pocos clubes que logró aplicar el modelo de gestión inglés en el fútbol argentino. Christian Bassedas y Ricardo Gareca desembarcaron en Liniers prácticamente en simultaneo. La primera decisión del mánager fue la elección del Tigre, quien dirigía en Perú, alejado de los flashes. Pese a la desconfianza inicial, la dupla comenzó a cosechar títulos desde el amanecer de su romántica relación con la conquista del Clausura 2009.

Hace exactamente un año, Bassedas amenazó con abandonar su cargo: "Es el momento de dejar de ser mánager de Vélez". Gareca fue concluyente: "No me veo en Vélez sin Bassedas". Cuando el Fortín estaba a punto de desarmarse, ambos rubricaron su continuidad para seguir ganando. Seguramente celebrarán juntos el Inicial 2012, fruto de una relación simbiótica entre mánager y DT. Egos aparte, respeto y seriedad ante todo, una fórmula en la que otros clubes fracasaron.

Pibes y exiliados:

En la previa del Torneo Inicial, el panorama era desolador. Augusto Fernández, Juan Manuel Martínez, Héctor Canteros, Marcelo Barovero y Víctor Zapata habían abandonado el José Amalfitani. Cuando el mundo rotulaba al semestre como una etapa de transición, la columna vertebral de Vélez se animó a ilusionarse con el título aplicando la misma política institucional que mantuvo inmutable el protagonismo del club durante los últimos tres años.

El club de Liniers vendió en las últimas tres temporadas por cifras cercanas a los cuarenta millones de euros. 28 millones fueron rédito de las joyas que emergieron de su inagotable cantera. En los últimos meses el Fortín sufrió las partidas de Maximiliano Moralez, Santiago Silva, Ricardo Álvarez, Fernando Ortiz, Augusto Fernández, el Burrito Martínez, Barovero, Canteros y Zapata. Pero Vélez se podrá jactar del merecido apodo de "La Masía argentina". En el equipo que derrotó a Unión fue figura Iván Bella, además de la decisiva participación de Alejandro Cabral y Fernando Tobio. En el banco esperaban su oportunidad Gino Peruzzi (su última gema, obsesión del Inter), Lucas Romero, Agustín Allione, Juan Sills y Ezequiel Rescaldani.

Los refuerzos son fundamentales para el éxito. Generalmente exiliados, jugadores con un potencial magistral pero en horas bajas, resultan gangas para el club. Así llegaron Francisco Cerro, Maxi Moralez, Sebastián Sosa, Augusto Fernández y tantos otros. El caso más emblemático es el de Facundo Ferreyra: tras el caótico descensó de Banfield, arribó al club de Liniers con sed de revancha. Frente al Tatengue marcó los dos goles y se convirtió el máximo anotador del certamen con once tantos. Un club que ofrece a los exiliados la redención.

El futuro:

El contrato de Ricardo Gareca se terminará el próximo 31 de diciembre. Después del título, jugadores y dirigentes fueron terminantes en cual es el principal objetivo del club: renovar el vínculo con el Tigre. Miguel Calello, consecuente con su filosofía, demostró su frialdad dirigencial en un momento de pasional verborragia por el título obtenido: "Queremos a Gareca para lograr los objetivos pendientes". La Copa Libertadores, tal como señala la canción, es su obsesión. Se quedó a las puertas de la final frente a Santos en 2011, cuando Santiago Silva falló un penal decisivo frente a Peñarol. En 2012 lo frenó el Peixe en cuartos, pese a la titánica tarea del equipo tanto en Liniers como en Brasil. El mejor equipo del último lustro tiene entre ceja y ceja la Libertadores, su única materia pendiente.

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