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Tahití se despide de Brasil con la alegría de haber redondeado una participación histórica. El espíritu amateur floreció en todo un equipo que jamás olvidará Brasil 2013.

Llegó como la cenicienta del torneo y se ganó el respeto y cariño de todos. El seleccionado representante de Oceanía logró mucho más que tres derrotas en esta Copa Confederaciones. Con un plantel provisto de una realidad diferente a cualquier otro que haya disputado la Copa, sus jugadores disfrutaron una experiencia totalmente distinta.

En tiempos en los que se reclama mucho, pero se ve poco espíritu amateur en los jugadores, Tahití llegó a Brasil con 20 jugadores, de un plantel compuesto por 21, que no son profesionales. Un alpinista, cuatro repartidores, un vendedor, un contador, un profesor, tres estudiantes y nueve desempleados, sumados a Marama Vahirua, el único jugador que puede vivir de este deporte, formaron la delegación.


El equipo de Tahití

Nacido hace 33 años, Vahirua fue criado en Francia desde muy chico por su padre. Tras siete temporadas en Nantes y algunas en Niza, Lorient, Nancy y Monaco, el delantero juega actualmente en el futbol griego Panthrakikos. Pudo haber jugado en la selección francesa pero eligió ponerse la camiseta de Tahití. Por su parte, el capitán del equipo Nicolas Vallar es uno de los desempleados. Trabajó en la organización del Mundial de playa que se jugará este año en su país y hoy exclama por un trabajo: “Me gustaría trabajar en deportes, pero si encuentro otro trabajo lo tomo seguro" dijo.

Pese al 1-6 del debut frente Nigeria, Tahití jamás renunció a su estilo ni recurrió a un juego violento para poder frenar a los equipos rivales. El equipo, con sus limitaciones, intentó jugar un futbol con la pelota al piso. La “cenicienta” del torneo ganó el cariño de todo el público local que celebró cada jugada que realizaron.

La selección vivió su mejor momento en el torneo en aquel primer partido frente a Nigeria. Su gran héroe, fue Jonathan Tehau, uno de los cuatro repartidores. El menor de los tres hermanos que juegan en la selección fue el autor del único gol de Tahití en toda la Copa, festejado como un verdadero campeonato del mundo. Tras un corner, Jonathan aprovechó una mala salida del arquero nigeriano.


Los tahitianos festejando

Llegó a Brasil a dejar su legado, no futbolístico por cierto. Llegó a hacerse conocer, a mostrar una realidad distinta y a la misma vez disfrutar todo lo que pase. Le tocó jugar con el campeón del mundo, sus jugadores le regalaron collares a modo de respeto y admiración. Perdieron 10-0 pero basta ver el penal que malogró Torres y la alegría del arquero tahitiano.

Cerró su participación contra Uruguay con un 8-0 en contra y una bandera que agradeció a Brasil su experiencia. Ya sin chances de clasificación al Mundial 2014, sus jugadores volverán a sus trabajos quienes lo tienen, mientras que los otros esperaran su oportunidad, como lo fue esta, que no olvidarán jamás.


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