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Con una calidad incuestionable, sólo su problemático caracter evitó que triunfara en un equipo hecho a la medida de la superestrella sueca

Hablar estos días de Zlatan Ibrahimovic puede sonar oportunista, sin embargo es incuestionable que el delantero sueco es una de las grandes estrellas del fútbol a nivel mundial. Así pues, se antoja un error que el Fútbol Club Barcelona lo dejara marchar de aquella manera hace ya tres veranos.

El espectacular gol del delantero frente a la selección inglesa el pasado miércoles, de chilena desde fuera del área, no ha hecho más que poner de manifiesto que el sueco es un fuera de serie, un crack de esos que en cada partido es capaz de levantarte del asiento con alguna maravilla. De esos que tanto encajan en el estilo del club blaugrana.

No hay más que observar su gran inicio en la liga francesa con el Paris Saint-Germain. Al frente de la tabla de goleadores en la competición doméstica con diez goles y dando un recital de buen juego en la Champions League -sin ir más lejos dio cuatro asistencias de gol en la última jornada-, Ibrahimovic ha demostrado que las estrellas tienen cabida en cualquier equipo, cualquier país.

Es por eso precisamente que no se termina de entender que no cuajara en el Camp Nou. ¿Cuestión del entrenador, Pep? Su agente, Mino Raiola, lo tenía claro. "Los grandes jugadores nunca tienen problemas. En el Barça, Zlatan nunca tuvo problemas jugando junto a Messi, por ejemplo. El verdadero problema fue Guardiola", dijo en una entrevista.

Bien, su carácter le pierde. Sólo una personalidad difícil ha podido ser la causa de que el delantero no triunfara en la escuadra catalana. Su rendimiento en números fue bueno, con 22 goles en 45 partidos oficiales -muchos de ellos de suplente-, pero no fue suficiente para asentarse en un vestuario que después de la era Rijkaard lo que menos necesitaba era alguien problemático.

"Es un ignorante, un bocazas y no me cae bien". Así de claro se expresó el capitán de las Islas Feroe, Frodi Benjamisen, tras un partido entra su selección y la de Suecia. “Se dirigió a mí y comenzó a menospreciar a nuestro equipo y a mí. Lo que dijo no era agradable, habló de donde está jugando y del dinero que está ganando”, añadió en un diario local. Y ese es sólo un ejemplo.

De cualquier forma, Zlatan Ibrahimovic tiene en sí la genética de un ganador, la de los mejores deportistas. Ansioso por ser cada día mejor, y que así se lo reconozcan, el atacante siempre ha tratado de optimizar al máximo su rendimiento para convertirse en un jugador superlativo. "El día que deje de mejorar, dejaré de jugar a fútbol", afirmó recientemente. Y ese hambre de grandeza también es digno de un equipo como el Barcelona.

Al margen del fracaso económico que supuso su pase al Milan, el Barça nunca debió dejar escapar a Zlatan. El sueco es una figura de primer nivel, y debía de haber encontrado su sitio.

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