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A su llegada a Ezeiza, el aquero repasó los momentos de violencia que vivió el plantel de Tigre en el vestuario del Morumbí durante el entretiempo de la final ante San Pablo.

Damián Albil fue uno de los jugadores que peor la pasó en las agresiones que Tigre sufrió en el vestuario durante el entretiempo de la final contra San Pablo en el Morumbí. El arquero, que recibió un culatazo de un arma de fuego en el pecho y con la que previamente le habían apuntado, repasó lo ocurrido en Brasil a su llegada a Ezeiza.

“Uno se da cuenta de que estaba todo armado. No nos dejaron reconocer el estadio, no les daban las entradas a los hinchas, a la salida los dejaron en una favela, cuando llegamos nos rompieron el micro”, analizó Albil.

Con respecto al momento de las agresiones, el arquero dijo que nunca vio algo así, que excedió el marco de agresividad que se suele vivir en los partidos internacionales en Sudamérica. “Hay cosas que están mal pero a las que ya estamos acostumbrados, ahora que te manden 15 tipos a pelear al vestuario, es algo inédito y eso pasó porque alguien del club dio la orden. De milagro no hay un herido grave. Todo el plantel se paró en la puerta del vestuario y los hicimos retroceder a las piñas, era gente muy pesada, de más de 1,80 de altura, entrenada para pelear”.

Sobre las respuestas que recibieron de parte de los árbitros y la Conmebol, Albil contó: “Vino un dirigente de la Conmebol y dijo que lo que había pasado no era tan grave. Al cuarto árbitro le contamos todo lo que había sucedido: que nos estaban esperando 15 patovicas con bastones y látigos, y que después vino la policía y nos metió a palazos en el vestuario”.

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